Baño y masaje

PUNTOS, NO MÉRITOS. El Guijuelo ganó su primer partido de la temporada sin merecerlo; los dos goles llegaron en acciones aisladas y no hubo más disparos a puerta.
JOSÉ ÁNGEL SANZ

La primera parte fue desangelada, más un despropósito que un duelo a la altura de lo que se jugaban los dos equipos. No hubo centro del campo, que es donde insisten los técnicos que se genera el juego, pero tampoco apenas bandas. O peligro en las áreas, que es donde sabemos todos que se acaban los partidos. El trivote que planteó Pouso en la alineación chacinera decepcionó. Iturralde y Neftalí se parecen demasiado y Carlos Rubén, el único de los tres con chispa, con imaginación, apenas se presentó en el encuentro hasta la segunda mitad. Aparte de esa novedad en la medular, el Guijuelo de ayer fue el predecible en la alineación. Los que cuentan con la confianza de Pouso son, semana a semana, los mismos, y los resultados respaldan esa apuesta. Ayer, sin embargo, al equipo se le vieron demasiadas costuras. Sobre todo, y esto es novedad, en la defensa. El Lugo se plantó tres veces en la frontal después de pasar el balón por el centro y en superioridad. Y si no inquietó a Montero fue, sobre todo, por la inoperancia de sus hombres. Sólo un tiro raso de Sergio Arias en el minuto 25 obligó al meta local a manchar los guantes. Ante la meta opuesta, los chacineros apenas aportaron la habitual habilidad de Romero con el balón en el pie, que siempre da algún rédito, y alguna espontánea galopada por la banda izquierda de Leroy.

La segunda parte no trajo novedades en el juego. El Lugo, ambicioso, adelantó líneas, y el Guijuelo comenzó a jugar con Carlos Rubén más decantado como enlace con Óscar Martín. Del primero fue una buena ocasión de marcar en el minuto 53, cuando un manotazo de Escalona mandó el balón fuera en un centro-tiro con malas intenciones. Sólo tres minutos después, Aira le levantó el balón en el último momento a Romero cuando éste ya estaba en la misma boca del gol. El chacinero se resarció muy poco después, con un gran gol. Iturralde le encontró en un pase medido al punto de penalti y, cruzado a la izquierda, llegó el tanto. Con él los de Pouso recuperaron cierto pulso, pero tampoco estaban para subir ningún nuevemil. Sergio Arias, el 9 de los gallegos, le ganó la espalda a Juli Ferrer y sólo la pronta aparición de Montero salvó el disgusto en el 75. Restaba el golpe de gracia, un punterazo medido de Del Prado tras centro de Carlos Rubén a los cinco minutos de entrar en el campo. Como los grandes, victoria y a otra cosa.