Aunque el IPC de abril baja en la provincia los datos no son tan buenos

Una vez conocida la bajada del IPC en la provincia de Ávila de un punto, situándose en el 1,3%, CONFAE cree que es un buen dato pero hay que mirarlo con reticencia por la subida de impuestos y porque la renta disponible para empresas y familias sigue siendo escasa

Según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, durante el mes de abril la tasa de variación anual del IPC bajó un punto en la provincia de Ávila, situándose en el 1,3 %. Por su parte la variación sobre el mes anterior es de 0,5 y en lo que va de año, del –0,5%.

 

A nivel regional y nacional la inflación se ha comportado de manera similar. La tasa de variación anual en Castilla y León  (1,2 %) baja un punto y dos décimas respecto a la registrada en el mes anterior (2,3 %). En el caso de la tasa de variación a nivel nacional (1,4 %)  baja un punto respecto a la registrada en marzo (2,4 %).

 

Según el INE, el descenso de la inflación en su tasa anual se debe al comportamiento que han tenido los precios en los grupos de la vivienda, del transporte, del ocio y la cultura, de las bebidas alcohólicas y el tabaco, y de las comunicaciones.

 

En el caso del de la vivienda ha disminuido por la bajada de los precios de la electricidad en abril, frente a la subida que experimentaron hace un año.  El grupo del transporte evidencia la bajada de los precios de los combustibles en origen. Por su parte, el del ocio y la cultura el descenso del precio en los viajes organizados y de los servicios recreativos y deportivos.  En el caso del grupo que engloba a las bebidas alcohólicas y el tabaco disminuye su tasa anual debido a la estabilidad de los precios del tabaco frente a las subidas de abril de 2012. El último grupo de bienes que ha influido en el descenso de la inflación es de las comunicaciones por la bajada de los precios en los servicios telefónicos.

 

La Confederación Abulense de Empresarios siempre ha acogido de manera positiva la bajada de los precios por cuanto supone un cierto mantenimiento del poder adquisitivo en nuestras empresas y familias. Sin embargo, como es sabido, la virtud suele estar en el punto medio y tan negativa es una inflación demasiada alta como demasiado baja. Más aún en un contexto económico como el actual de estancamiento del consumo, elevadas tasas de desempleo, paralización de la actividad empresarial y subida sostenida de impuestos.

 

Hace unas semanas, un medio de comunicación español, recordaba las cerca de 30 subidas de impuestos que hemos vivido en el último año y medio.  Cinco de éstas afectan al IRPF, incluida la reciente prorroga. Cuatro a sociedades, tres impuestos especiales, dos al IVA, dos al IBI, una al Impuesto de Patrimonio y una de las Indemnizaciones a Directivos.  A las que habría que añadir 12 nuevas figuras tributarias: ocho afectan al sector eléctrico, una a Loterías, otra a Depósitos Bancarios, otra al tramo autonómico de Hidrocarburos y otra al medioambiente. Sin contar, los impuestos vigentes previos a las recientes subidas de impuestos y aquellos que soportan las empresas y los ciudadanos dependiendo de la ciudad o autonomía en la que residan.

 

Finalmente, a pesar de la bajada de los precios, la renta disponible que le queda a las empresas  -para invertir y crear empleo- y a las familias - para ahorrar y demandar bienes y servicios-  tras cumplir con sus obligaciones fiscales, realmente es escasa.