Atención lunáticos: Nuestro satélite no es tan determinante para la vida en la Tierra

La Luna en el horizonte

La Luna podría no jugar un papel tan determinante en la capacidad de la Tierra para albergar vida, según un estudio del Centro de Investigación Ames de la NASA. 

En estudios anteriores parecía demostrado que la ausencia del satélite terrestre tendría consecuencias debastadoras en el clima y, por lo tanto, en la vida, pero el estudio dirigido por Jack Lissauer parece demostrar lo contrario.

 

La investigación tenía como objetivo analizar las consecuencias sobre la inclinación del eje vertical de la Tierra si no tuviera un satélite tan "anormalmente" grande orbitando alrededor y lo que significaría para el clima terrestre y la vida en el planeta.

 

La fuerza gravitacional de la Luna mantiene inclinación sobre la vertical del planeta varía entre los 22 y 24,6 grados. Esto limita la exposición al Sol de algunas regiones del planeta y genera las diferentes zonas climáticas de la Tierra.

 

Si el Planeta Azul no tuviera un satélite girando entorno al él, la inclinación de la Tierra variaría de los cero a los 85 grados con respecto a la vertical. "Si la Tierra no tuviera una luna, su oblicuidad -y, por lo tanto, su clima- variarían, desde luego, sustancialmente más de lo que lo hace en el presente", explicaba Lissauer a Space.com.

 

Las variaciones de cero a 85 grados implicarían que los Polos recibieran luz alternativamente durante seis meses al año, es decir,el Hemisferio Norte recibiría luz durante todo el día en verano, pero, durante el invierno, los días pasarían en completa oscuridad.

 

En las simulaciones del estudio, los investigadores de la NASA calcularon las variaciones del eje en un lapso de 4.000 millones de años y descubrieron que en un período de 100.000 años la inclinación sólo variaba de los 10 a los 40 grados.

 

"Para escalas que sean relevantes para la vida avanzada, (el eje) cambia en más menos 10 grados -mucho más de lo que con nuestra luna, pero mucho menos y con efectos menores sobre el clima", explicaba Lissauer.

 

El estudio también resalta que, en el caso de no tener una luna,las variaciones de inclinación del eje vertical de la Tierra serían menores si la rotación terrestre fuera retrógrada -que la Tierra girase sí misma en sentido contrario-.

 

Lissauer ha declarado que los resultados de este estudio, que evidencian que la vida en la Tierra no sería imposible con la ausencia de un satélite que moderase la inclinación del eje, podrán ser aplicados para dar forma a la búsqueda de exoplanetas capaces de albergar vida como la conocemos.