Así es el proceso de preparación de un perro guía

Socialización, entrenamiento y asignación al usuario para el proceso de aprendizaje definitivo son las tres fases principales.

La Fundación ONCE Perro Guía es la que desde hace 25 años trabaja en la preparación de estos animales que comienza con la crianza, especialmente de razas como labrador retriever, golden retriever, pastor alemán y flat coated retriever, cuyos progenitores son incluso elegidos para lograr cachorros inteligentes y de carácter "afable y equilibrado".

 

A los dos meses de su nacimiento llega la fase de socialización, consistente en el acogimiento de los cachorros por parte de familias de la Comunidad de Madrid (más de 3.000 han tenido un cachorro en casa) que acercan al animal a la experiencia de la convivencia y del conocimiento de distintas situaciones como el uso del transporte público, a lo que se suma el aprendizaje de una obediencia básica.

 

Llegado el año, los perros vuelven a las instalaciones de la Fundación ONCE Perro Guía en Boadilla del Monte, donde en sus más de 110.000 metros cuadrados y a lo largo de algo más de medio año se aborda la fase de adiestramiento con instrucción específica a fin de convertirlo en un "eficaz guía" y de un amigo para el dueño, además de un "animal sociable, paciente y amistoso".

 

En esta etapa el animal aprende, entre otras cuestiones, a aceptar el arnés, desplazarse en el transporte público y sortear obstáculos para conseguir que adquiera la capacidad de tomar decisiones en situaciones complejas.

 

Concluida esa fase, llega el momento de asignar el perro a un usuario en función de sus características y de las necesidades de la persona para, juntos, afrontar un proceso de aprendizaje de dos semanas para conocerse y adaptarse, experiencia por la que ya ha pasado en tres ocasiones Denis Quintela, quien a sus 32 lleva casi cuatro años con Wirta, una perra a la que le costó acostumbrarse pese a que es más buena y obediente que la anterior, más nerviosa.

 

Fue al cumplir 18 cuando Quintela cambió el bastón, que detectaba algunos obstáculos "pero otros no", por el perro, que "esquiva cualquier obstáculo". "La complicidad tienen que ser máxima", reconoce antes de apostillar que el entendimiento es tal que el animal llega a saber, con un gesto de la correa, lo que necesita o quiere.