Arrancan por tercera vez en un año el interfono de una pensión

La calle Varillas es una de las zonas de fiesta más concurridas de la capital y sus vecinos sufren prácticamente a diario las consecuencias de los actos vandálicos. Los propietarios de una pensión aseguran que en un año les han arrancado hasta tres veces el interfono del edificio y exigen más vigilancia policial los fines de semana.
S. G. P.

En el edificio tres propietarios han optado por vender su casa para irse a un lugar más tranquilo y aseguran que el ruido no les permite pegar ojo en toda la noche. “Aunque los locales cierren a la hora impuesta por el Ayuntamiento, los jóvenes siguen de fiesta en la calle y no respetan nada”, explica el propietario de la pensión que es la tercera vez que denuncia un acto vandálico en menos de un año.

El destrozo del interfono, que les costará reponer entre 400 y 500 euros, es sólo uno de los muchos actos vandálicos que se cometen cada fin de semana en la calle Varillas. Así, pocos edificios se han librado de cambiar los cristales de las puertas –destrozados a patadas– y todas las viviendas y negocios de la calle muestran graffitis en su fachada, a lo que se une el olor y la suciedad que provoca el que cientos de jóvenes orinen en las aceras cada fin de semana. “La esquina de este edificio es un meadero y han pintado graffitis hasta en los pasillos del edificio que hemos tenido que pintar varias veces con el sobre coste que supone”, lamenta uno de los vecinos que recuerda que los actos vandálicos “hacen que pierda valor nuestras propiedades”. Las noches de los jueves, viernes y sábados son las más conflictivas aunque muchos locales abren seis días a la semana por lo que los vecinos durante el curso universitario apenas tienen descanso. Los efectos del vandalismo han llevado también a que los taxistas no quieran pasar por la zona los fines de semana para evitar altercados y los vecinos han vuelto a demandar que una patrulla policial vigile cada fin de semana la calle.