Aparecen restos humanos de los que podrían ser los últimos ‘paseados’ de Ciudad Rodrigo

Investigaciones. La ARMH halla en una fosa común los cadáveres de seis civiles asesinados a finales de 1936 en la finca de Rábida, junto a Pedrotoro
E. P.

Un equipo de la Asociación Memoria Histórica y Justicia de Salamanca y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) hallaron en una fosa común de la localidad de Castillejo de Martín Viejo los restos humanos de seis civiles asesinados a finales de 1936 que, al parecer, podrían ser los restos de los que se tienen acreditados como los últimos paseados de Ciudad Rodrigo.

Según informaron a Europa Press fuentes de la ARMH, en la madrugada del 16 de diciembre de 1936 fueron fusilados varios civiles en la finca de Rábida, junto a Pedrotoro, anejo de Ciudad Rodrigo. Se trataba de Avelino Martín Cascón, Evaristo Pino Castaño, Eduardo Aparicio Fernández, Olegario Niño Caballero, Alfredo Miguel Plaza, Emilio Martín Donoso y José María Sevillano Piñero.

El cadáver de Eduardo Aparicio Fernández fue retirado de la fosa de Rábida y trasladado por sus familiares a Béjar, en cuyo cementerio se encuentra enterrado desde el día 24 de diciembre de 1936. Estas ejecuciones y el “traslado” de una de las víctimas a Béjar dio lugar a una investigación judicial cuyo expediente se guarda actualmente en el archivo militar de Ferrol, donde fue hallado gracias al trabajo de la Asociación Memoria y Justicia de Salamanca.

La investigación, según apuntó la ARMH, motivó algún temor entre los falangistas de Ciudad Rodrigo, pues días después los restantes cadáveres fueron evacuados de la primera fosa.

Testigos directos relataron que a finales de 1936 falangistas de Ciudad Rodrigo abrieron una fosa una mañana y que por la noche llegó al lugar un camión. Al día siguiente, los testigos indicaron que se acercaron al lugar y comprobaron que había, además de un agujero, restos de hogueras y de bebidas y comida pero que no habían escuchado ningún disparo.

Según dijeron, creyeron que eran seis personas de El Bodón, aunque en los datos con los que cuentan ambas asociaciones no constan víctimas de El Bodón a finales de 1936. No obstante, en el lugar existe una encina con una cruz inscrita para señalar y no olvidar la localización, aunque esta encina sustituye a una primera de la que solamente queda el tocón, delante de la que están enterrados los restos.

Ambas asociaciones apuntan a la hipótesis de que los hallados son los restos de las víctimas citadas, salvo los de Eduardo Aparicio.