Antonio Banderas: "La envidia es una señal de indentidad española"

Antonio Banderas

El pasado jueves Antonio Banderas presentó en Madrid su última película 'Altamira', dirigida por el británico Hugh Hudson y en la que comparte protagonismo con la actriz iraní Golshifteh Farahani, ambos presentes en el acto.

El pasado jueves Antonio Banderas presentó en Madrid su última película 'Altamira', dirigida por el británico Hugh Hudson y en la que comparte protagonismo con la actriz iraní Golshifteh Farahani, ambos presentes en el acto.


La cinta habla de las cuevas más famosas de Cantabria y del yacimiento prehistórico cuyo descubrimiento en 1875 no tuvo la repercusión mundial que merecía. El actor malagueño encarna a Marcelino Sanz de Sautola, la persona que junto a su hija María se encontró con estas cuevas.

ACOMPAÑADO DE NICOLE KIMPEL

Entre unas cosas y otras Banderas puede presumir de llevar en España más tiempo de lo habitual en él, ya que la presentación de la película ha coincidido casi en el tiempo con su estancia en Málaga donde ha disfrutado de la Semana Santa malagueña, tanto como espectador como cofrade. Su novia Nicole Kimpel le acompañó en este viaje a su tierra natal, tan emotivo para él y al que no piensa renunciar nunca, salvo que las circunstancias le obliguen.

ANTONIO BANDERAS: "CUANDO UNO VE LAS PINTURAS DE ALTAMIRA LLAMA LA ATENCION QUE TUVIERAN ESA CAPACIDAD PARA EL DETALLE"

- 'Altamira' ha planteado de alguna manera un dilema entre la fe y la ciencia, ¿para ti es algo que está vigente?

- Sí, sí, y va a estar vigente hasta que no se despejen todos los misterios del ser humano, que probablemente no se despejen nunca, a lo mejor la muerte es lo que despeje todos esos misterios, a lo mejor no, pero es un tira y afloja que ha existido y tenemos múltiples historias donde la razón le ha ido ganando terreno a la religión y este puede ser también un caso en ese sentido. La iglesia no admitía que 25 mil años atrás en el tiempo había gente con esa capacidad de síntesis y de poder reflejar la realidad en su momento pintando en unas cuevas lo que hicieron, aparte de ser unos artistas extraordinarios porque cuando uno ve las pinturas de Altamira es increíble como tenían esa capacidad para el detalle. Ese fue uno de los obstáculos que tuvo que salvar Don Marcelino, pero yo creo que él conocía ese obstáculo, sabía que con eso se tenía que enfrentar, lo que él no podía imaginar es que se iba a encontrar con una ciencia quizá más monolítica que la propia iglesia, eso es lo que yo creo que él no esperaba. Él esperaba que su gran ídolo, que la persona que había seguido durante toda su vida, que había leído sus artículos en los diferentes medios de difusión de ciencia del momento, le iba a dar el bofetón que le dio, eso es lo que le sorprendió.


- De alguna manera también se habla de la envidia, no sé si para ti es una señal de identidad de España.

- Desgraciadamente sí. No lo he dicho yo, lo ha dicho Unamuno, grandes pensadores españoles, pero también tenemos muchas cosas maravillosas. El español tiene un gran ingenio, pasión, una capacidad de improvisación extraordinaria en los momentos más difíciles, es un pueblo también con muchísimas virtudes. Pero la película reflexiona sobre eso: lo que yo no he hecho no es posible que lo haga otro. Me pone muy nerviosa la gente y además produciendo un sufrimiento innecesario en el envidioso, no tanto en el envidiado. Si el envidioso decirte darte con un martillo entonces sí se convierte en otra cosa, pero si no es así es un recomerte por dentro que no lleva a nada bueno y es una falta de reconocimiento a los méritos del otro.


- También hay una afirmación: España tan bonita y tan injusta, ¿tú has sentido eso?

- Yo no me puedo quejar sinceramente. Lo he vivido más en otras personas, en compañeros, en situaciones que he visto y dices no es posible que le esté pasando esto a esta persona. No lo he vivido tanto en mí, yo me siento muy bien, respetado y querido en líneas generales. No es lo que uno va buscando, yo no pretendo ser querido por todo el mundo, yo me muevo en la vida de la manera en que me muevo y mis acciones en un momento determinado producen reacciones negativas y producen reacciones positivas, pero en líneas generales no siento que haya una animadversión por determinadas cosas que yo haya conseguido en mi vida como romper las barreras de lo que parecía imposible cuando me fui a Hollywood a finales de los 80.


- En el ámbito político, ¿has sentido desilusión o por otro lado una especie de alivio por lo nuevos aires? ¿qué te parece la actualidad?

- Estoy en un momento de observación, trato de tomar distancia más que meterme en esa cacofonía de voces. Trato de tomar distancia y ver con cierta objetividad las cosas que están pasando. Es un momento de cambio obviamente de lo que teníamos anteriormente, se han demonizado cosas que yo creo que no era demonizables por ejemplo, el bipartidismo. Yo he vivido 25 años en un país que es bipartidista que muchos lo ponen como ejemplo de democracia que son los Estados Unidos, o sea que en el fin no es ni bueno ni malo porque los márgenes de obra son muy pequeños a la hora de gobernar, hay otros factores, está Europa por detrás, los mercados, que son los que van dictaminando, pero trato de tomar una cierta distancia y verlo desde ahí. Se ha demonizado también la Constitución Española del 78 como si los que en el 78 los que tuvimos la capacidad de votar fuéramos más tontos. Se produjeron unas circunstancias muy especiales, la Constitución americana después de una guerra y la francesa todavía estaban botando las cabezas que se iban cortando, es decir, que las constituciones cuándo se hacen se hacen en líneas generales después de periodos muy traumáticos en la vida de los países. En la constitución española yo diría que no falla el guion, fallan los actores.