Adiós UDS, adiós... si Hidalgo no lo remedia

LORENZO RUANO MESONERO

La verdad es que para escribir sobre la desaparición de la UDS no sé ni por dónde empezar. Sin embargo, cuando en la mañana de ayer, día 18 de junio de 2013, se confirmaron todos los temores relativos a la desaparición de la UDS, junto al nombre de Juan José Hidalgo Acera, ligado de manera inequívoca a la historia del club salmantino, muy presente a la hora del que parece su definitivo adiós, otro nombre, de los miles ligados a la historia de la Unión (qué bonito nombre), me vino a la memoria en tan desagradables momentos.

 

Ese nombre no es otro que el de José Luis García Traid, el entrenador de la UDS por excelencia, fallecido el día 11 de enero de 1990. Con Traid se alcanzaron las cotas más altas de la historia unionista, al llegar a la División de honor del fútbol español.

 

Juan José Hidalgo siempre fue un admirador de García Traid, hasta el punto que, en un momento delicado de la historia de la UDS, estando el equipo salmantino en el pozo de la Segunda B (¡Curioso!, como ahora), recurrió a su amigo Traid para hacer que el equipo retornara a la División de Plata.

 

Eran otros tiempos. Traid, que ya había alcanzado la fama como técnico al ascender a la UDS a Primera, con su saber hacer, logró que Juan José Hidalgo, cuyo sueño de ser el presidente del equipo de su tierra estaba cumplido, saboreara las mieles del éxito, regresando con la UDS a la categoría de plata. Era la temporada 87-88 y, un par de años después, Traid nos dejó.

 

Hoy, desde su atalaya en el cielo, seguro que estará llorando por el adiós de su UDS. Trece años después de su adiós a la vida terrenal, Traid ha podido ver cómo a su amigo Juan José Hidalgo se le ha ido de las manos la vida de una UDS a la que ambos  quisieron con locura.

 

A un Hidalgo que convirtió el club en Sociedad Anónima Deportiva. La deuda del club entonces, según el plan de saneamiento era de 420 millones de pesetas.

 

Ese amor de ambos por la UDS se conservó en Traid hasta su fallecimiento. El de Juan José Hidalgo por la UDS fue pasando tiempo después a un segundo plano. Cierto que antes consiguió que la UDS volviera a la División de honor en Albacete, con Lillo, tanto como que, poco a poco, esa locura por ser presidente del equipo de su tierra fue dejando paso a otros intereses legítimos en un ser humano.

 

Y si Juan José Hidalgo se corona como presidente el 17 de junio de 1987, deja el cargo en diciembre del 2003, en manos de Ángel Mazas Acosta, con el club muy endeudado, lo que obliga a Mazas a utilizar las célebres permutas para seguir subsistiendo, terminando casi con el gran patrimonio heredado de los antecesores.

 

La llegada de Juan José Pascual, que compró las acciones de Manuel Campo para hacerse con el cargo, fue abriendo la fosa de la incapacidad para hacer frente a las deudas contraídas, hasta llegar a la sucesión de presidentes sin capacidad de acción que derivaron en la Ley Concursal cuyo fin ha sido el conocido por todos, la desaparición de las UDS. Y el único que aún puede remediarlo, el mismo día 20 del actual, es Juan José Hidalgo.

 

Ya de nada vale darle vueltas a cómo se ha podido llegar a este triste final, pese a reconocer que, desde su nacimiento, el club unionista tuvo siempre sobre sí la losa de una situación económica que, con el paso de los años, y los disparates de fichajes impropios de un club que, sin muchos recursos para poder hacer frente a ellos en cuanto no tuviera la fortuna de estar en la división de oro del fútbol español, no podía tener otro fin que el que se ha dado.

 

Ni la suerte de contar con un patrimonio que pareció indestructible, a poco que se hubiera gestionado con dos dedos de frente, fue suficiente para evitar que la UDS, tras ir desprendiéndose a cuentagotas de él para poder subsistir, haya terminado sus días por no poder hacer frente a la enorme deuda que ha ido acumulando.

 

En estos momentos, no se trata de buscar culpables, que los hubo, sino de pedir públicamente a Hidalgo que haga un último esfuerzo, pese a que le hayan puesto la subasta de los derechos federativos más cara para según su plan seguir existiendo.

 

Esfuerzo que hay que pedir a las entidades públicas y a todos aquellos que, pese a la enorme crisis, pueden, juntos, hacer algo por resucitar a la Unión.

 

Me vienen a la mente muchos más nombres, como el del alcalde Anaya, fundador de la UD Española, precursora del CD Salamanca y la actual UDS SAD, el del gran Germán Herrero, y otros presidentes como Dámaso Sánchez de Vega, Carlos Gutiérrez de Ceballos, etc., sin que falten algunos más cercanos en el tiempo, como los de Augusto Pimenta (el hombre que nos legó el estadio Helmántico y un gran patrimonio) y José Luis Paniagua.

 

La lista de jugadores relevantes sería interminable.