A veces, un 0-0 no es aburrido

La mayoría de los partidos que finalizan 0-0 acaban siendo una especie de homenaje al bostezo. En una competición donde el empate apenas se premia, se supone que todos van a por la victoria con el gol como medio para el fin.
Teresa Sánchez
Por eso, que no haya tantos no suele ser motivo de aplauso para quienes acuden a ver un encuentro y, sin embargo, ayer el estadio Helmántico dividido entre blanquinegros y albiazules, despidió a los jugadores con una ovación sentida, de las que no es por cumplir.

No se puede hablar de espectáculo en estado puro –al menos lo que se vio sobre el césped porque lo de la grada sí se acercó–, pero al menos el partido entre UDSy Real fue de todo menos aburrido. Intensidad, fuerza, ganas, juego de ida y vuelta a ratos y, a falta de puntería, intención fue lo que pusieron ambos contendientes. Faltó la explosión final que significa un gol pero el duelo fue de todo menos aburrido.

Al espectáculo que se vivía en las gradas quisieron responder los futbolistas con un arranque de partido trepidante. En apenas dos minutos el Salamanca dispuso de su primera ocasión clara para marcar después de que Salva Sevilla recogiera casi en el área pequeña, aunque escorado, un balón que venía de varios rechaces. Sin casi tiempo para reaccionar, trató de chutar con la zurda pero le salió flojo y a las manos de Bravo. Se sucedieron minutos de toma y daca entre los dos, con la Real tratando de salir a la contra mientras que la UDS, en la que aparecían constantemente Hugo y Álvaro para recuperar el esférico en la zona media, mantenía más tiempo el balón y lo trataba de mover con velocidad buscando las dos bandas. En una salida a la contra gozaron los donostiarras de su primera ocasión clara a los veinte minutos, cuando Aguirretxe le ganó la espalda a su par aprovechando un pase interior preciso y se plantó ante Biel, que tocó lo justo para desviar a córner.

Hasta ese momento los dos equipos se habían desenvuelto con soltura, circulando rápido y ganando las áreas con relativa comodidad aunque las ocasiones fueran contadas. No decayó en intensidad aunque sí la mayor agresividad que comenzaron a imponer ambos trabó el desarrollo del juego. Ninguno se recataba a la hora de mirar al frente pero resguardándose atrás en un ejercicio de derroche físico que restaba por ver hasta cuándo podían aguantar.

Aunque en ocasiones los donostiarras se estiraban, eran los locales los que llevaban el peso del partido, incidiendo en la idea de jugar el mayor tiempo posible sobre el campo del rival, dominando el centro del campo y buscando las bandas. Reclamaron en un par de ocasiones mano de defensores realistas en su área pero el colegiado no apreció ni la primera, de Martínez, ni la segunda, de De la Bella. Los visitantes pudieron aprovechar un despiste de Biel en un despeje mientras que Rossato probaba con uno de sus cañonazos a Bravo justo antes de que el colegiado pitara el final de una de las primeras partes más cortas, por aquello de entretenida, de las vistas esta campaña en el estadui Helmántico.

Con idéntico planteamiento arrancó la segunda mitad, con la UDS dominando, la Real esperando y sin que ninguno de los dos se impusiera con claridad o llegara oportunidades francas. El ritmo impuesto hasta entonces comenzaba a pasar factura y Martín Lasarte movía su banquillo dando entrada a otro delantero y poco después lo hacía Sito metiendo en el campo a Kike. Ninguno quería dar margen a su rival aunque era la Real la que a falta de veinte minutos empezó a empujar con mayor fuerza y Labaka, desde el área pequeña, lo tuvo todo a su favor para hacer el primero, pero disparó por encima de la portería. La tuvieron los donostiarras pero en un partido tan igualado hasta las ocasiones se repartieron y también la UDS gozó de una oportunidad inmejorable para romper la igualdad tras una contra luchada por Linares que, ya en el área, observó la incorporación de Salva le cedió el balón y el disparo del mediapunta se marchó ligeramente desviado justo cuando el reloj alcanzaba el minuto 90 sin que diera tiempo a mucho más.