“A veces me he ido a la cama sin cenar, pero mis hijos no, busco y pido donde haga falta”

Fotos: CAH

María es una mujer al frente de una familia de seis personas. Su marido y ella están en paro, tienen cuatro hijos pequeños, y sobreviven con 550 euros al mes. Hagan sus cálculos. Nos cuenta la situación límite y necesidades que están viviendo, ella es solo una de tantos.

“Hoy una familia con dos niñas pequeñas nos pide ayuda. No pueden pagar algunos recibos y ya deben el alquiler del mes pasado. Si quieres colaborar con cualquier cantidad puedes pasar por la asociación los sábados por la mañana o ingresar en la cuenta de la asociación: ES55 2104 0048 5291 6846 9893”, este es el mensaje que lanzaba hace pocas horas la asociación Cajas Solidarias de Salamanca. Una llamada de auxilio con nombre propio, un ejemplo más de la difícil situación que viven numerosas familias en esta ciudad. Muchas o pocas, es una cuestión de perspectiva…

 

Este es el testimonio real de María, de 35 años, y su marido, de 40; la familia la completan 4 hijos, de 2, 4, 9 y 11 años. Ambos están en paro desde hace ya demasiado tiempo y, en la actualidad, sobreviven con la Renta de Ciudadanía, 550 euros al mes con los que deben hacer frente a los gastos básicos de seis personas, los gastos comunes de una casa, agua, calefacción, luz, comida, ropa,… imprevistos… y una hipoteca de 300 euros. Quizás resulte difícil ponerse en su lugar.

 

María llegó a la asociación Cajas Solidarias el pasado mes de agosto a pedir pañales y alimento para su hija pequeña de 2 años. Por entonces, todavía ingresaba 150 euros del paro, pero eso se terminó en diciembre. En Cajas Solidarias consigue comida, fruta, pañales, leche para los niños “y 'cola cao', que no había conseguido que me dieran en otro sitio”, y sonríe, porque para ella es muy importante que sus hijos disfruten de esas pequeñas cosas, aunque para sus hijos es casi un capricho.

 

 

También ha estado en Cáritas, donde explica que les derivaron al banco de alimentos, “pero allí no me daban productos de higiene infantil y me daban solo seis litros de leche para todo el mes, no tenía suficiente, sólo mi hijo de 9 años se bebe litro y medio de leche al día. Yo me quito lo que haga falta, por ellos, incluso muchos finales de mes, su padre y yo nos vamos sin cenar a la cama, pero ellos nunca, lo busco y lo pido donde haga falta. En alguna ocasión he esperado en la puerta de un supermercado, donde trabaja una amiga, para que me diera, antes de tirarlo, lo que estaba apunto de caducar”. Pero pasar el día a día es algo más que comer. El dinero no entra pero hay pagos ineludibles, tarde o temprano hay que hacer frente a ellos.

 

Con la asistencia social municipal han podido hacer frente a la hipoteca, “que llevaba sin pagarla desde junio del año pasado, además, tampoco he podido pagar al Ayuntamiento ni la contribución, ni el agua. Pero, por lo menos esos recibos los tienen paralizados sin intereses, y poco a poco voy haciendo aportaciones”.

 

Ahora le urge hacer frente a la factura de la luz y el gas, 351 euros, que Gas Natural le permite dividir en siete plazos “y así no nos cortan el suministro”, añade María. Pero va acumulando plazos y, pese a que intenta pagar un poquito todos los meses, va arrastrando la deuda de los meses anteriores.

 

 

El ordenador con el que estudian sus hijos se lo ha comprado un profesor del colegio. María es feliz cuando lo cuenta y está tremendamente agradecida, “hasta nos ha regalado un pincho para conexión a Internet que le recarga el profesor todos los meses, porque me dijo que el niño tiene mente para estudiar y no se puede desperdiciar y que se quede atrás”, comenta orgullosa.

 

María no se rinde y, con rabia, afirma: “Tengo que salir de esta situación… porque tengo que tirar de cuatro criaturas, pero estoy cansada de estar cansada. Todos los meses es lo mismo, un bucle, otra vez la luz, otra vez el gas… y otra vez sin ingresos”.  La ropa para los niños pequeños se la dan en la guardería y para los mayores, en el colegio. “Ellos saben lo que hay”, asegura con el gesto resignado, y nos cuenta que el otro día se les rompieron las zapatillas, “a mi y a mi hijo de 9 años, y una amiga vio que iba con los pies empapados y compró un par de zapatos para cada uno”. Afortunadamente, eso lo valora de corazón, puede contar con amigos que les ayudan y nota que “están ahí”. "Los amigos nos ayudan mucho con leche, zumos… para los niños sobre todo".

 

 

Pero, cuando las cosas están así, hay detalles que estremecen. La Navidad de esta familia no ha sido como la de la mayoría, al contrario, ha sido muy dura una época de desilusión. “Le tuve que decir a mi hijo de 9 años la verdad sobre los Reyes Magos”. Todavía con un nudo en la garganta, recuerda que el niño “estaba emocionado porque había pedido una PSP, y tuve que sentarlo un día y decirle: ‘mira, no hay PSP, mamá y papá son los Reyes y ya sabes que no hay dinero’. Se quedó blanco y dijo: 'Anda ya… me estás engañando'. Y, después de tragar saliva y ver como el pequeño aceptaba resignado ese ‘gran cambio’ en su vida, le explicó que habría regalos pero que serían los que pudieran darles en Cajas Solidarias.

 

 

Asegura que, tanto ella como su marido, buscan trabajo constantemente. "Todos los días salimos, vamos a Caritas y a Cruz Roja a mirar los empleos, vamos dejando el currículum en obras, en empresas de colocación, o de limpieza, donde sea”, pero no hay respuesta.

 

Cuando hablamos de la hipoteca, María ya sabe cuál será la siguiente pregunta. Y sí, han pensado en vender la casa y quieren hacerlo, “pero no la vendo, nadie la quiere, porque es del Ayuntamiento y las condiciones que tiene no las acepta nadie. Me quedan cinco años para pagarla, 10.000 euros para acabar de pagarla”. Es optimista, “¡ya está chupao!”, dice. Aún así, esa cantidad puede tener a una familia asfixiada, ese es su caso.

 

 

El anterior trabajo de María fue como limpiadora en un hotel, aunque asegura que es capaz de trabajar “en lo que me pidan y he pasado por todos los hoteles pero en todos tienen gente, familiares, amigos… esperando por un empleo; y mi marido igual, es albañil y sabe hacer muchas cosas, está especializado en pladuor pero ahora ya nadie los pone porque es muy caro”.

 

Se ve a una mujer fuerte, su positivismo sorprende, pero dice que “está cansada, muy cansada, porque además, a mi marido le cuesta más que a mi llevar esta situación adelante, soy la que tienen que resistir".

 

 

Javier García, responsable de Cajas Solidarias, explica que “es algo muy habitual" en las familias que pasan necesidades económicas y están al límite. "Al hombre, muchas veces por orgullo, le cuesta más afrontar la situación y pedir ayuda, la mujer es mucho más fuerte para todo”.

 

María es una más en esta asociación, un ejemplo de las muchas situaciones límite que atienden en Cajas Solidarias. Verónica, Sara, Gema, son también madres de familia que están en la sede mientras hablamos con María. Tienen dos, tres o cuatro hijos, y sus vidas se han complicado por múltiples razones, problemas de paro, separaciones conflictivas o familias monoparentales con escasos recursos, entre otras. 

 

La asociación Cajas Solidarias hace un llamamiento y pide ayuda para ‘sus familias’. No solo hace falta comida, también necesitan dinero, "hay que ser claros", porque también hay que pagar facturas. La sede está ubicada en la Avenida de Torres Villarroel, donde se puede contactar con ellos, preferiblemente los sábado por la mañana o a través de redes sociales. También se puede colaborar en la cuenta ES55 2104 0048 5291 6846 9893, o con un euro en el TEAMING https://www.teaming.net/cajassolidarias.