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Sábado, 12 de mayo de 2012    18/5/2012
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Última actualización 09/08/2011@20:14:07 GMT+1

"Me he dejado la salud en busca de un adjetivo", apuntaba Caballero Bonald. Recuerdo habérselo escuchado en una entrevista radiofónica de hace años. Rememoré su reflexión al leer un reciente artículo de Albert Boadella: "¿Para quién representamos?", se preguntaba. Los apuntes de uno y otro pueden extrapolarse a la política. Vamos a ello.

Mientras ultimaba su última obra, Boadella planteaba si merecería la pena tanto esfuerzo, tanto esmero, tanto cuidado del más minúsculo detalle… para que al final, mira por dónde, pasara casi todo inadvertido. Inadvertido no ya sólo para parte del gran público, sino incluso para ese público y esos medios que se dicen entendidos. Ciertos públicos y ciertos medios que aclaman "auténticas intrascendencias y sobrevuelan indiferentes por encima de la obra sutil, culta y sobretodo, presentada con minuciosidad y oficio".

Me temo que esto también sucede en política. Sucede y, además, en grado superlativo. He visto -y más de una vez- que 'auténticas intrascendencias' son ensalzadas con alborozo por más de diez millones de votos. He visto -y más de una vez- que la nada con sifón es elevada a los altares estatales, autonómicos y municipales. He visto -y más de una vez- que la palabrería al por mayor es premiada en las urnas. He visto -y más de una vez- aplaudir la demagogia, jalear la superchería y vitorear el populismo. He visto -y más de una vez- que la impostura se convierte en la forma de gobernar y de ejercer oposición, sin que eso impida las loas de las respectivas claques.

He visto… y no he creído. No he creído que ésa sea la única forma de hacer política. Me consta que aún existe en la política gente que tiene otra manera de encarar la labor; y me consta que aún existe ciudadanía que es capaz de apreciar esos otros usos y maneras… que pueden no ser mayoritarios, pero siguen siendo imprescindibles.

Son humanas, y sobradamente comprensibles, esas incertidumbres que expresaba Boadella. Pero su profesionalidad siempre le hará apostar por la obra bien hecha y el diligente afán perfeccionista. En busca de un adjetivo, o en busca de la expresión oportuna, o en busca del gesto acertado, o en busca del matiz preciso… Los creadores de una u otra disciplina renunciarán siempre al acomodo y al conformismo, en aras de ese trabajo que todavía puede ser más pulido.

La política es también una creación: que crea o destruye convivencia, que ensancha o merma el interés general, que intensifica o aminora el respeto por la ciudadanía, que potencia o menoscaba derechos y libertades, que aumenta o imposibilita la regeneración democrática.

En la política también hay gente que se deja la salud… en busca del 'nuncaestarde'.

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  • En busca del 'nuncaestarde'

    Últimos comentarios de los lectores (2)

    14842 | Óscar Sánchez Alonso - 15/08/2011 @ 17:48:03 (GMT+1)
    Cierto, Francisco Javier. Hay factores que no resultan muy alentadores: ni en “la oferta” ni en “la demanda”.

    Cuando la demanda política (ciudadanía) eleva el listón, a la oferta (partidos) no le queda más remedio que mejorar también su solvencia, honradez y cualificación. Así ha de ocurrir en una democracia representativa.

    El desafío es que el proceso también puede retroalimentarse en la dirección inversa: ciudadanía que traga con cualquier cosa, o que justifica cualquier desbarre (siempre y cuando haya sido protagonizado por `los suyos´), o que se muestra sumamente sectaria, maniquea y demagoga… contribuye a que en la denominada `clase política´ se incentiven esas mismas derivas.

    ¡¡Gracias por la aportación y el comentario!!
    14796 | FRANCISCO JAVIER - 12/08/2011 @ 10:36:30 (GMT+1)
    La democracia es un mal sistema, pero es el mejor que se nos ocurre. La influencia mediática de Belen Esteban, los sueldos de los jugadores de fútbol, la tolerancia con la sinvergonzonería de los representantes públicos y, en general, el comportamiento social no son muy esperanzadores.
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