Pensemos lo que hacemos

Sé que no voy a solucionar nada, pero quisiera decir que me preocupa y me molesta cada vez que oigo cosas como “todos los políticos son iguales”, “son todos unos sinvergüenzas”, “están ahí para sacarse sus perras y no para ayudar a los demás” y cosas por el estilo.

 

No todos son iguales. No todos. Se lo digo yo.

 

No cabe duda de que en los últimos años son muchísimos los políticos, de todos los partidos no lo olvidemos, que se han visto salpicados por casos de corrupción, pero ni todos eran culpables, ni los demás son el ejemplo de cuantos políticos hay en nuestro país. Vamos a situarnos:

 

En las últimas convocatorias electorales, los españoles hemos elegido 8.116 alcaldes, 68.462 concejales, 1.040 Diputados Provinciales, 157 Consejeros de Cabildos Insulares, 1.268 puestos de Diputados Autonómicos, 350 Diputados al Congreso y 266 Senadores. Quizás se me escapa alguno. No les elegimos, pero son políticos, los centenares de Directores y Secretarios Generales (de Ministerios, Consejerías autonómicas, Empresas Públicas, etc…), así como Secretarios de Estado, Asesores…

 

Redondeando, quizás haya en España un número aproximado de 100.000 personas cuya dedicación pasa por la política. No están en sus trabajos porque hayan sacado una oposición tras años de estudio y preparación, no han sido contratados por sus méritos mediante un contrato laboral, ni han creado una empresa o han puesto un negocio. Están ahí porque los partidos políticos a los que pertenecen les han colocado ahí en un determinado momento. Luego, con su trabajo, demostrarán si su gestión ha sido o no acertada, si han obrado bien con el dinero de todos y si quienes confiaron en ellos tuvieron buena vista o no.

 

En abril de este mismo año, una radiografía de la corrupción en España revelaba que hay casi 1.700 causas abiertas en sus diferentes órganos judiciales, más de 500 imputados en estos procedimientos y sólo una veintena cumpliendo condena. Ahora habrá, tras la conocida Operación Púnica, al menos 52 imputados más.

 

En realidad, son pocos casos. No diré muy pocos porque un solo caso ya sería mucho. Si diferenciamos imputados de condenados, asunto crucial porque en modo alguno estar imputado es igual a ser culpable, como se demuestra cientos, miles de veces, la cifra se confirma realmente pequeña.

 

Sin embargo, la alarma social, su repercusión, es extraordinaria. Y entiendo por qué. No entiendo por qué no existe algo igual con las decenas de miles, cientos de miles, qué sé yo si millones de personas que defraudan todos los días, o defraudan a cualquiera de nosotros cuando compramos algo o solicitamos un servicio. ¿Por qué con esto hacemos la vista gorda? Conozco un montón de excusas como respuesta a esta pregunta, pero en verdad sólo me parecen eso, excusas, y no resisten cualquier razonamiento sensato. Yo también estoy harto de pagar impuestos y eliminaría el 80% de ellos si pudiera, pero creo que mi deber como ciudadano es pagarlos.

 

Ha salido una encuesta que dice que los españoles hemos dejado de confiar en los grandes partidos y vamos a votar en contra de ellos. España necesita una regeneración, no cabe duda, pero más nos vale ser muy conscientes de lo que hacemos o quizás curemos la herida con cianuro.

 

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