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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

Sin la posibilidad de enseñar

Recortes. Se ha convertido, sin duda, en la palabra de moda desde el comienzo del curso escolar. No se trata, sin embargo, de un nuevo ejercicio de plástica creado específicamente para los alumnos de infantil -aunque parezca obra de estos-. Me refiero, como ustedes ya se habrán dado cuenta, a los numerosos recortes en educación -y sanidad- que, comenzando por la Comunidad de Madrid, recorren prácticamente todo el territorio nacional.
Los recortes, aunque probablemente en los presupuestos equivocados, parecen necesarios. Ante el problema de la crisis, aumentar de 18 a 20 horas lectivas el horario de los profesores es la solución necesaria para el Gobierno de la Comunidad de Madrid que parece no haber encontrado otro modo de resolver el conflicto.

Para su presidenta, Esperanza Aguirre, “no hay recorte alguno en la educación pública”. Declaraciones a las que se suma la consejera de educación de la autonomía para instaurar un “complemento de especial dedicación” de 75 euros mensuales para motivar –o acallar- a tutores, jefes de departamento y Coordinadores de TIC.

Estas medidas ocultan, sin embargo, el verdadero centro de la polémica. El aumento de horas lectivas implica, en el largo plazo, una reducción en profesores interinos, que no serían necesarios para impartir la totalidad de las clases. En los últimos dos años, unos 5.500 profesores (2.500 en 2010 y 3.000 en 2011) se han sumado a las colas del paro, con la pérdida de calidad que esto conlleva en la enseñanza pública.

Los mayores horarios y un menor número de profesores disponibles hacen que en muchos colegios públicos las guardias, horarios de bibliotecas y otro tipo de horas añadidas al horario lectivo sean complicadas de completar. Al mismo tiempo, comienzan a darse casos de profesores que imparten materias de las que no son especialistas.

Profesores de geografía impartiendo cualquier asignatura de letras, profesores de matemática impartiendo física o, incluso, casos de profesores de lengua obligados a impartir una lengua extranjera de la que no tienen siquiera un título. En ejemplos como estos –todos ellos verídicos y comprobables- es posible comprobar la pérdida visible de calidad en la enseñanza.

En mi opinión, no sólo es hipócrita negar los recortes en educación; sino que deberían comenzar a plantearse otros ‘campos de acción’ en el tema de los recortes, a todas luces necesarios. Como muchas pancartas rezaban en las protestas de las últimas semanas, la educación no es un gasto: es una inversión. Una inversión de futuro y a largo plazo pero que permite a un país tener una mayor capacidad de mejora de cara a generaciones posteriores.

Aquí en Salamanca se ha afirmado que no habrá recortes por parte de la administración en el número de profesionales -no así en infraestructura-. Esperemos que estas promesas sean ciertas aunque fiarse de las palabras de un político no parece ser siempre recomendable y menos con un futuro gobierno nacional cuyas actuaciones parecen no distar mucho de las ya comenzadas en la capital. Por mi parte solo pido una pequeña cosa: educación pública de todos y para todos. Y no nos olvidamos de la sanidad.

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