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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

Qué demonios está pasando en Brasil

Todo estaba preparado, con correrías de última hora y algunos detalles sin terminar en varios de los estadios brasileños que albergarán los partidos de la Copa Confederaciones, para que el fútbol comenzase. Dilma Rousseff no se perdió la foto y acudió al palco del nuevo estadio Mané Garrincha de Brasilia. Sin embargo, en cuanto Blatter pronunciaba el nombre de la presidenta brasileña un gran silbido comenzó a arruinar las presentaciones. Brasil despertaba.

Todo estaba preparado, con correrías de última hora y algunos detalles sin terminar en varios de los estadios brasileños que albergarán los partidos de la Copa Confederaciones, para que el fútbol comenzase. Dilma Rousseff no se perdió la foto y acudió al palco del nuevo estadio Mané Garrincha de Brasilia. Sin embargo, en cuanto Blatter pronunciaba el nombre de la presidenta brasileña un gran silbido comenzó a arruinar las presentaciones. Brasil despertaba.

 

http://www.youtube.com/watch?v=krlQFd3Gtcs

 

Unas semanas atrás, uno de mis mejores profesores universitarios aquí en Niterói (Rio de Janeiro) explicaba cómo los pueblos indígenas del país, que siempre han manifestado una gran cultura de transmisión oral, de padres a hijos, saben usar la imagen mucho mejor que "el hombre blanco". Ejemplo de ello fueron las manifestaciones durante la Cumbre de la Tierra de 1992. Esos amplios tocados, ese colorido, traspasó fronteras y entró en las casas de ciudadanos de todo el mundo aunque fuera solo por unas horas.

 

Más de 20 años después, y cuando la imagen se ha convertido en el centro de nuestro mundo construido sobre pantallas, los brasileños han decidido utilizar una nueva imagen, durante décadas representativa del país sudamericano, para expresar la verdadera situación de Brasil: el fútbol.

 

El proceso de transformación que está sufriendo Brasil en los últimos años es desmesurado. Siempre comento las diferencias que encontré, el pasado julio al volver a Brasil tras 7 años, en las calles de Río de Janeiro. Nada era igual. De tiroteos entre favelas y 'asfalto' el país ha pasado a hacer turismo por algunas de estas zonas de pobreza extrema y gran exclusión social.

 

Pero no todo son flores. Mientras el país ha crecido económicamente, con grandes inversiones públicas (financiadas por unos de los impuestos más altos del mundo), los ciudadanos apenas han visto estos beneficios revertidos en mejoras sociales y en la estructura pública. Más bien al contrario. Si bien algunos programas han ayudado a reducir la pobreza, como la introducción de los programas de Bolsa Família (ayuda económica a familias pobres) o Minha Casa, Minha Vida (vivienda), las estructuras de educación, sanidad y transporte se mantienen estancadas.

 

Y, en definitiva, han sido estos problemas los que han sacado a los jóvenes (y no tan jóvenes) a la calle. Mientras en Brasilia protestaban algunos, en São Paulo, tras una nueva subida del transporte público, la gente se echó a las calles y una policía que, según algunos, mantiene reminiscencias dictatoriales, pero que en realidad está muy poco preparada y controlada, respondió con dureza: porrazos, gas lacrimógeno, bombas de dispersión y balas de goma.

 

http://www.youtube.com/watch?v=kxPNQDFcR0U

 

Para que os hagáis una idea, desde que llegué a Río (harán once meses en unos días) algunos medios de transporte han visto aumentado su precio hasta en dos ocasiones. Algo que para algunos es anecdótico pero que para muchos brasileños es un gasto más que aleja, y mucho, llegar a fin de mes.

 

Lógicamente, los medios brasileños respondieron a la situación con ese miedo característico de la clase dominante del país: criminalizando las protestas. Pese a ello, y en este mundo globalizado en que vivimos, en el que una sola persona puede cambiar grandes decisiones, algunos de ellos se vieron obligados a cambiar de postura cuando las actuaciones desmesuradas de la policía no podían esconderse más.

 

Finalmente, el jueves pasado (13 de junio) varios periodistas fueron o bien detenidos o bien atacados mientras trataban de cubrir las protestas. Imágenes de periodistas siendo rociados con sprays de pimienta o el caso de la periodista del periódico Folha de São Paulo que estuvo a punto de perder un ojo por un impacto de una bala de goma en el ojo se dispersaron y llegaron a todo el mundo.

 

http://www.youtube.com/watch?v=W6QVLE8PQJ8

 

Comenzaron las comparaciones, Turquía comenzaba a quedar de lado y los brasileños ahora se sienten el centro del mundo pero no solo por el fútbol sino gracias a sus reivindicaciones. El país ha comenzado un movimiento que no parece que tenga vuelta atrás y, en los próximos días, habrá que ver cuáles son las reacciones tanto de los gobiernos estaduales (encargados de controlar a la policía militar y las unidades de 'Choque', equivalentes a nuestros antidisturbios) como de la Presidenta, que estarán en el punto de mira.

 

Así mismo, muchos brasileños se preguntan ya por el futuro de este movimiento, o conjunto de protestas. ¿Habrá objetivos a medio-largo plazo? ¿La gente se mantendrá en las calles? ¿Serán utilizadas las protestas por diversos grupos políticos o no? O aquella que siempre tratan de responder los medios tradicionales: ¿Quién está realmente detrás de las protestas?

 

Brasil ha despertado. Tras varios años de letargo y aupados por la revolución de las redes sociales los ciudadanos conocen cuáles son sus verdaderos problemas y ven asombrados cómo el deporte recibe más recursos que la educación de sus hijos, su salud o su transporte, o como preocupa más el beneficio a corto plazo que las reformas estructurales necesarias como las del sistema judicial o la de la propia policía. En definitiva, los brasileños no quieren que Brasil siga siendo un país a medida de los ricos.

 

Alberto Órfão

Twitter: @a_orfao

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