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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

El Tupperware Materno

El sábado pasado disfruté de una excelente comida en un interesante lugar situado a las afueras de la ciudad de Salamanca, entre Villamayor y Ledesma. Tras la visita a las bodegas del complejo (no mencionaré el nombre para no hacer publicidad gratuita), incluyendo la degustación de productos obligada, nos dispusimos a apreciar una comida típica charra, incluyendo un excelente plato de Pluma ibérica aderezada con un buen Ribera de Duero. Pues bien, tras esta cena, y a pesar de tener el estómago lleno, mi cabeza no podía dejar de pensar en comida, en los productos de la zona.

El jamón, el chorizo, el salchichón... hasta la chanfaina; para nosotros [los salmantinos] están a la orden del día. Hemos nacido, crecido (comiendo interminables bocatas) y, en definitiva, vivido rodeados de ellos. Sin embargo, cuando salimos de nuestra ciudad, en muchas ocasiones se complica la posibilidad de obtener estos alimentos en cualquier momento o a cualquier hora. Ya sea debido a un precio mayor, en ocasiones desorbitado, o por la escasez de los mismos.

Para aquellos que nos encontramos en Madrid, la situación no es tan complicada. Como capital que es, no es difícil encontrar un buen jamón o agenciarse un par de chorizos, eso sí, el precio es ligeramente (o simple y llanamente) superior. Cuando se trata de carnes, entonces se nos vuelve casi imposible encontrar una pieza con la calidad que encontramos aquí. Así es que, la única solución que hasta el momento se me ha ocurrido, es la dependencia casi total en estos casos del tupperware materno.

El tupperware materno, una especie que se multiplica cada año y que está presente en todos y cada uno de los hogares estudiantiles (siempre que estos gocen de la necesaria compañía de algún elemento refrigerador, no suelen ser aptos para residencias). También conocido como tupper, táper, taperguare o incluso tapergĂźéis, este elemento es esencial a la hora de conservar la indispensable cocina materna que va, desde las siempre bienvenidas croquetas €“de las que no mencionaré todos los nombres posibles- hasta los guisos más elaborados.

En el caso de los salmantinos, y de la mayoría de castellanos, el tupper materno viene acompañado de las viandas características, entre las que no fallan las ya mencionadas anteriormente. Y los estudiantes lo agradecemos e incluso aprendemos a compartir (si no habíamos aprendido antes). Ya sea en el intercambio propio entre compañeros de piso o de vivienda, o en las cenas estudiantiles €˜regionales€™, en que cada uno aporta su gastronomía local.

Y déjenme decirles una cosa: En estos intercambios regionales, y culturales al fin y al cabo, siempre triunfamos. No quiero dejar de lado otros tipos de gastronomía, algunos de los cuales son, lógicamente, muy parecidos al nuestro; pero, aun tratando de limitarse (lo de no engordar está muy de moda) pocos pueden resistirse a disfrutar de nuestros productos.

Esperen a que prueben el secreto ibérico...

En caso de dudas, ruegos, preguntas o sugerencias os invito a comentar a continuación aunque también podéis dirigiros a mi e-mail -alberto.orfao@gmail.com- o mi cuenta de Twitter: @a_orfao.

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