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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

De un Papa argentino en Brasil

De la misma forma que el fútbol volvió a su estado natural y a las jornadas iniciales de un nuevo campeonato brasileño, el Papa volvió a sus aposentos del Vaticano. Para quien no haya estado presente en alguna de las ciudades en que se han celebrado a lo largo de los últimos años las Jornadas Mundiales de la Juventud puede parecer difícil de entender, pero ha vuelto la calma a Río de Janeiro y sus alrededores.

Ya no se ven cantidades innúmeras de personas de diferentes nacionalidades en los autobuses, metros y barcas repletos. Ya se escucha menos el idioma español que traían los miles de latinoamericanos que se acercaron hasta el país vecino para ver al primer Papa que habla su idioma. Y, sin embargo, muchos cariocas se sienten aliviados. Las prioridades de los gobiernos del país han vuelto a quedar claras una vez más.

 

Sin duda, cualquiera diría que gozar de dos días festivos extra en un año extraño y repleto de eventos como este 2013 es una bendición, aunque no todo el mundo está de acuerdo. Muchos brasileños solo quieren seguir adelante con sus vidas, con la tranquilidad que caracteriza a este pueblo. Y cualquier evento de las características de este no hace más que afectar a esta tranquilidad, aunque se describa como un evento pacífico y de harmonía.

 

Lo que parece haber quedado claro es que este nuevo Papa no es como los de antes. No queda claro si es el hecho de tratarse de un jesuíta, de ser un acérrimo seguidor de Francisco de Assís o, tal vez, de ser argentino, pero, para muchos, el papa Francisco "la armó" la pasada semana en la catedral metropolitana de Río. "Quiero que salgan a la calle a armar lío, quiero lío en las diócesis, quiero que se salga fuera, quiero que la Iglesia salga a la calle", dijo, ni más ni menos, el pontífice.

 

Unas palabras que, especialmente en los últimos años en que entre la juventud las movilizaciones se han disparado, sin duda calan hondo. Y no se quedó ahí sino que, el propio Papa, criticó las incoherencias de la Iglesia y habló de corrupción y del "culto al dinero". Este discurso, sin duda, cala entre muchos jóvenes, católicos de base y de barrio, y deseosos de una iglesia diferente.

 

Otro tema ya fue algo más controvertido: la legalización de las drogas. Tras la liberalización impulsada por el gobierno uruguayo y el contínuo debate que se está produciendo en estos últimos años en latinoamérica, Bergoglio tomó un camino que no agradó a muchos: el contrario. Su idea parece ser la de que la educación resuelve el problema. Sin embargo, en las comunidades pobres de Brasil y del resto de la región muchos niños siquiera tienen acceso a esa educación y la única salida es la venta y distribución de drogas. Y es una salida lucrativa.

 

Pero es en este tema, en el del dinero, en el que surge la mayor contradicción de estas jornadas católicas. El verdadero reclamo de la JMJ, para Río, ha sido el monetario: miles de consumidores dispuestos a dejarse el dinero en las tiendas, restaurantes y hoteles de la ciudad. Mientras tanto, muchos brasileños han visto dificultado su transporte diario, algunos siendo impedidos incluso de acudir a su puesto de trabajo. Aunque, como muchos se han dado ya cuenta, de estos grandes eventos que han pasado y que se avecinan el trozo grande del pastel no será para los brasileños sino para los grandes empresarios.

Alberto Órfão - Twitter: @a_orfao

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