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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

De festival en festival

Cualquier clase de eventos culturales o de entretenimiento atraen ingentes cantidades de personas. Desde un partido de fútbol hasta obras de teatro, musicales o conciertos; los ayuntamientos viven en una lucha continua por atraer a sus poblaciones el mayor número de espectáculos y en la mayor cantidad posible.

Ciudades grandes o con una historia cultural importante suelen verse beneficiadas en estos aspectos. Sin duda es mucho más sencillo que un grupo extranjero con una extensa gira internacional haga paradas en Madrid o Barcelona, o como mucho en el País Vasco o Valencia.

Pues bien, si hay algo bueno en vivir en una ciudad como Salamanca es que, además de su programación cultural (bastante interesante para el dinero que hay), está a apenas dos horas de Madrid. Muchas familias, grupos de amigos, excursiones organizadas, etc., realizan el pequeño esfuerzo del viaje €“utilizando los medios necesarios- y aprovechan la visita para €˜culturizarse€™ con alguna de las ofertas disponibles.

Uno de estos tipos de espectáculos es el de los festivales de música de verano (entre mayo y septiembre) en los cuales siempre es fácil encontrar personas de cualquier lugar del territorio nacional €“e internacional- y con la particularidad asegurada de coincidir en los mismos gustos, al menos musicales.

Como decía antes, los salmantinos tampoco fallan a estas citas. No es extraño encontrarse con banderas castellano-leonesas o incluso con bufandas o elásticas unionistas repartidas por el camping. Camisetas o sudaderas de la universidad tampoco faltan en el paisaje, a veces desolador, de la zona de acampada, y pueden fácilmente convertirse en un tema de conversación. Sin duda es necesaria una excusa durante las eternas mañanas para entablar conversación, la mejor manera de pasar el tiempo de espera.

Otra de las opciones de encuentros en esta €˜tercera fase€™ musical es la de los estudiantes. Porque hay muchos estudiantes, de cualquier otra provincia, que reciben o recibieron clases en su momento en nuestra universidad. Y una vez entramos en el mundo universitario de Salamanca terminamos descubriendo relaciones de amistad con un nexo en común entre dos supuestos desconocidos.

El espíritu del camping es realmente increíble. En apenas tres días es posible pasar de una timidez inicial a la hora de entablar conversación a una relación que se asemeja a una extraña amistad de toda la vida. Se crea una especie de €˜familia€™ campestre en la que no se duda a la hora de hacer favores al otro, de compartir lo poco que uno tiene o de, simplemente, pasárselo bien.

Finalmente, lo que se echa de menos en Salamanca (capital) es la existencia de un festival musical de este tipo. Es cierto que se trata de algo difícil de montar, con una inversión inicial necesaria bastante amplia y que necesita de una red de contactos en el mundo de la música bastante amplia. Sí, todo esto es cierto, pero no es menos cierto que decenas de miles de personas acudiendo a un mismo lugar generan algo de beneficio €“aunque puedan ocasionar de vez en cuando problemas si la organización no es suficientemente buena.

En caso de dudas, ruegos, preguntas o sugerencias os invito a comentar a continuación aunque también podéis dirigiros a mi e-mail personal - alberto.orfao@gmail.com- o mi cuenta de Twitter: @a_orfao.

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