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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

¿Conocen a Pablo Neruda?

¿Conocen ustedes a un tal Pablo Neruda? Puede que sí, puede que no. Yo espero, sinceramente, que al menos hayan oído hablar de él. Ya no pido siquiera que hayan leído algún libro suyo, o al menos un poema, ya que como publicaba hoy la agencia periodística Europa Press el lector español lee de media unos 10,3 libros al año. Pero, como mínimo, haber oído hablar de él, aunque sea en una clase en el colegio o de pasada en algún otro lado.

Tengo que reconocer que yo, personalmente, no he leído ninguna obra completa de Neruda. Durante mi educación obligatoria no me obligaron (tampoco me animaron) a hacerlo y creo recordar la lectura de, apenas, uno o dos poemas del escritor. Sin embargo, aún me queda tiempo para remediarlo sobretodo tras leer a Gabriel Celaya quien llega, incluso, a dedicar un poema al poeta chileno.

Porque Pablo Neruda fue un poeta chileno, sí, con una gran influencia en la producción poética de nuestro país durante el siglo XX. De hecho, llegó a ganar el Premio Nóbel de Literatura en el año 1971. Con un premio así a sus espaldas, debe merecer la pena conocerlo.

Eso sí, en un pequeño pueblo de la provincia de Ciudad Real y de cuyo nombre no quiero acordarme, parece que no conocían al escritor.
Se trata de una noticia que llegó a mis oídos esta mañana aunque, al parecer, se produjo en agosto de 2011. El alcalde de esta localidad de la que no quiero decir el nombre por respeto a sus habitantes, entre los que, espero, reine algo más de razón que en su ayuntamiento, decidió en un fatídico día del pasado verano que el señor Neruda no era una persona suficientemente conocida y que, su calle, pasaría a dedicarse a algo mucho mejor y más conocido: La Roja.

¡Hombre! ¡Esa sí que nos suena! Con todas las alegrías que nos ha dado... ¡Cómo no vamos a darle una calle a los héroes de la crisis española! Es, ni más ni menos, la viva imagen de a dónde está dirigiéndose este país. Ya no nos importa la educación - y dejando de lado la sanidad- ni el futuro de nuestro futuro, o sea, de los chavales que juegan y corretean por ahí.

Como me decía esta mañana mi compañero en este espacio digital César Brito, ¡Pero qué más da, si el Madrid ha ganado la liga! Parece ser que, mientras gane nuestro equipo, o como quien dice, mientras nos sigan dando el circo, podemos permitirnos incluso dejar de comer el pan. Eso sí, ha sido tocar educación y sanidad (y especialmente, en lo que me toca, la subida de tasas universitarias) y muchas personas han comenzado a darse cuenta de que esto está empezando a ser insostenible.

Hay cosas que no se pueden tocar. Hasta ahora parecía que la única eran las pensiones las cuales, siendo como somos un país envejecido, no se tocan para no perder un gran número de votos. La sanidad y la educación venían detrás. Se cambiaban cada dos por tres pero, al menos esa impresión quedaba, no se permitía hacer recortes. Sin embargo la crisis, que, recordemos, ya no es solo económica sino de valores, ha hecho saltar estas líneas rojas por los aires.

Por todo ello, parémonos un momento y pensemos si queremos hipotecar el futuro de nuestros hermanos pequeños, hijos o nietos y optar por la aristocracia en lugar de por la meritocracia o si vamos a defender estas líneas rojas hasta las últimas. Cuando nos demos cuenta de que juzgar a una persona por sus aptitudes y no por su bolsillo es el verdadero camino a seguir habremos avanzado un trecho muy largo hacia delante.

Alberto Órfão
Twitter: @a_orfao

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