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Tras los Cristales

Antonio Casas
@casassimon

Las becas Erasmus

Nada ha hecho más por construir Europa que las becas Erasmus, donde los estudiantes se forman como profesionales, pero también como ciudadnos europeos. El intercambio cultural, de concimientos y experiencias, hace que este programa deba ser mucho más que una opción o una suerte de quien lo disfruta. 

Siempre he pensado que no debería ser una opción remota o una suerte, sino que debería ser un derecho, e incluso una parte más del plan académico en la universidad. Me refiero al programa ERASMUS que tanto ha hecho por los estudiantes europeos en general, y españoles en particular. La experiencia, por enriquecedora y recomendable, debería potenciarse cada vez, dotarla de  más medios económicos, y suponer un valor añadido de primer orden en la formación de cualquier universitario.

 

Pero el Gobierno se ha propuesto cargarse esto también. Además de la manera más ruin posible, anunciándolo en el BOE cuando todos los casi 40.000 estudiantes españoles con un ERASMUS estaban en sus universidades de destino y el curso empezado. Nadie se esperaba esto porque ningún año había ocurrido. En pocas horas, y tras una contundente respuesta de estudiantes y sociedad en general, el gobierno ha rectificado. Pero hemos visto cual era la intención para este curso, y cual es para los cursos siguientes.

 

Para una familia es un motivo de orgullo cualquier gasto que puedan hacer en la formación de los hijos. Y si cabe, una experiencia como la de estudiar un año en una universidad de otro país todavía más. Para muchas familias el sacrificio es grande, pero merece la pena, porque había una ayuda pública que en muchos casos posibilitaba vivir una experiencia que no sale barata.

 

A un estudiante que se va de ERASMUS, la Unión Europea le da una cuantía directa de aproximadamente 180 euros, a los que se suman los poco más de 100 del estado y lo que las comunidades autónomas puedan aportar.

 

Un estudiante palentino que se fue de ERASMUS el año pasado, recibió, más o menos, 280 euros entre la UE y el Ministerio de Educación. Esto contrasta con, por ejemplo, un estudiante andaluz al que además de esos 280 euros, la Junta de Andalucía le da algo más de 250. En Castilla y León, a diferencia de la gran mayoría de Comunidades, no da nada a sus estudiantes ERASMUS. Nada, al igual que, por ejemplo, la Comunidad de Madrid.

 

Si ahora, además, vemos que el Gobierno del PP tiene previsto eliminar esta beca que da el estado, a un estudiante palentino solo le quedarán los 180 euros que vienen de Europa. Esta cantidad mensual obliga a las familias a hacer un esfuerzo inmenso si quieren que sus hijos hagan un ERASMUS, o sencillamente a renunciar a ello porque puede que esa aportación del estado sea determinante.

 

Pero esto esconde, una vez más, el desprecio del PP por la gente. El desprecio por la educación pública, por la movilidad, por buscar que los jóvenes tengan otra visión, que salgan fuera de España, que conozcan otras culturas, otra gente y que, en definitiva, enriquezcan su formación como profesionales y como ciudadanos europeos. Pocas cosas han hecho más Europa que las becas ERASMUS.

 

Con este revés a la movilidad estudiantil se ahonda en lo que el PP busca desde que llegó al gobierno, eliminar la igualdad de oportunidades, hacer que solo unos pocos se puedan permitir este tipo de formación, que el que pueda se lo pague, y el que no que se aguante.

 

Es sangrante ver que cuanta más educación, formación e igualdad de oportunidades necesita un país para salir adelante en una mala situación, más hace la derecha por amputar los recursos públicos para que cada vez más familias vean imposible dar una formación universitaria a sus hijos. No es comprensible, no es admisible y hace pensar mal, muy mal, sobre las intenciones de la derecha y del gobierno del Partido Popular. 

 

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