Fernando sanchez original

Territorio Pyme

Fernando Sánchez Salinero
Empresas al borde de un ataque de nervios

Los tres cerditos y el EGO feroz

€œTiempos difíciles se acercan Harry. . . Muy pronto todos tendremos que decidir entre lo que es correcto y lo que es fácil€. HARRY POTTER Y EL CALIZ DE FUEGO Leonardo a veces estaba taciturno y callado. Se detenía contemplando la naturaleza que rodeaba su casa, hacía una hoguera y con un palo entretenía el tiempo atizando los troncos que ardían tan silenciosamente como él.

Pero, Âży yo qué? Había hecho muchos kilómetros para verlo. Esos días solía despacharme con un cuento, incapaz de arrancarle una conversación.

- Fernando, en un bosque de cemento que en nada se parece a éste, en el que crecían naves industriales, coches, camiones y furgonetas de reparto, cuentan que vivían tres cerditos laboriosos que luchaban para sobrevivir en esa difícil jungla. Como puedes imaginar su vida era complicada. Intentaban una cosa y les salía mal, luego otra y volvían a encontrar el fracaso, pero no se rendían.

Un día decidieron establecer una estrategia que les llevara a algún lugar.

El primero, se construyó un negocio rápido de aspecto resplandeciente a base de hacer paredes y techo de paja. Su máxima era: €œLO IMPORTANTE ES PARECER€. Cuando le escuchabas terminabas dándole la razón. Insistía en el hecho de que en este mundo del marketing, no triunfaban los mejores, sino los que parecían mejores, que cualquier construcción de un negocio debía incidir en la apariencia, y que el resto lo haría la ignorancia del público. Que podrías descuidar casi todo mientras parecieras un negocio. Por ejemplo: la selección del personal, la inversión para garantizar el futuro, el ahorro e incluso el trato adecuado a los clientes. Por el contrario, todos los gastos superfluos, pero que te dieran imagen de éxito eran la prioridad €œnumber one€.

El segundo, no estaba de acuerdo con esta postura y pensaba que esa obsesión por parecer, acababa produciendo muchos sacrificios para mantener artificialmente la imagen de negocio. Calificaba a su hermano de frívolo y le pronosticaba toda suerte de males. Él no estaba dispuesto a tener un negocio de paja, que brillaba bajo el sol pareciendo de oro, pero caro y absurdo de mantener, para al final no tener nada más que un montón de paja. Lo que él quería era un negocio para ganar €œpasta€, con lo que todo el mundo pensó que pondría un restaurante italiano. Pero no era de ese tipo de pasta, sino de la otra. El negocio no podía ser de paja, pero tampoco había que incurrir en gastos absurdos que no produjeran una rentabilidad inmediata, así que fue cogiendo tablas de las obras y comenzó a construir su negocio. Pronto adquirió el aspecto de algo sólido y el segundo cerdito corría tras todo aquello que oyera que era rentable. Y quien persigue obsesivamente a la riqueza es muy probable que la encuentre, pero, Âża qué precio? Su método se asentaba básicamente en el principio €œcompra barato y vende caro€, que, mientras funciona, es muy atractivo. Lo que ocurre es que la tentación va creciendo y creciendo, y cada vez se quiere comprar más barato y vender más caro. Esto, en un mundo de clientes tontos o ignorantes puede durar un tiempo, pero al final, se te ve el plumero. Sé que este tipo de cerditos está bien visto porque ejemplifican el éxito en la búsqueda de dinero, pero no podía saber que el siglo XXI iba a ser muy diferente€Ś

Por fin, el tercer cerdito, después de ver a sus dos hermanos construir rápidamente sus negocios decidió también emprender, pero empezó de una forma distinta. Quería que el negocio le durase muchos años y, por lo tanto, optó por hacerlo sólido, sin perder de vista nunca el medio plazo. Además se paseó por los polígonos donde había otros negocios y preguntó a otros empresarios qué echaban de menos y cuáles eran sus principales preocupaciones. Descubrió que había muchas carencias y que no se resolvían, generalmente porque representaba mucho esfuerzo y el resultado se trasladaba al medio plazo, algo de lo que personas como sus hermanos cerditos no querían ni oír hablar. Este enfoque sensato parecía un €œmensaje antiguo€, que curiosamente se estaba volviendo casi revolucionario. Así fue construyendo su negocio con ladrillos y rocas que le costaba encontrar y mover. Estaba seguro de su proyecto y le daba, de momento, para comer. Muchos pasaban por allí y se burlaban: ÂżCuándo esperas ganar dinero? ÂżPara cuándo el coche reluciente? Él miraba al mercado y callaba.

Un día, un extraño viento recorrió las carreteras, calles y avenidas de la ciudad. Se llamaba el EGO FEROZ, se introducía por las rendijas de las puertas, por las juntas de las ventanas y soplaba desde dentro de los negocios. Se había apoderado el sentimiento del YO, del MÍ, del PARA MÍ, del TENGO DERECHO A TODO, del NO TENGO CULPA DE NADA€Ś y soplaba y soplaba. Pronto el negocio de paja se perdió en uno de esos torbellinos de gasto absurdo de nuevo rico y el primer cerdito se vio desnudo, asido sólo a un reloj de oro que ningún beneficio le reportaba. Fue corriendo al negocio de su hermano y tras las tablas se refugió. Pero ese viento intensificó su fuerza y su hermano alarmado viendo bajar sus beneficios, compraba cada vez cosas más baratas y trataba de colocarlas más caras. Él tenía derecho a unos márgenes €œdignos€, pero nada decía de mejorar su gestión y cuidar a sus clientes, a los que calificaba de mil maneras y ninguna buena, porque ahora usaban internet y comparaban continuamente las ofertas. Justo lo que él hacía cuando era él el que compraba, pero le dolía cuando él era el que vendía. Las tablas con ese viento no tardaron en pudrirse y avejentarse, y todo se cayó al suelo.

Los dos cerditos corrieron alarmados a casa de su tercer hermano, que lucía sólida en medio del temporal. Apelaron a su condición de hermanos y al deber de socorro que impone esa condición. Eran del tipo de cerdos que usan la palabra solidaridad, reparto, auxilio, sólo cuando a ellos les beneficia, cuando lo que pretenden es vivir a costa de los demás, pero la olvidan tan pronto como la fortuna les sonríe. Su hermano, apiadado, les propuso, que en vez de limosna les daría trabajo, algo mucho más cargado de dignidad. Eso tranquilizó a los dos primeros, aunque habían pensado en algo más descansado. Pero, les estableció la condición de que cobrarían un variable puro, en función de la riqueza que generasen, y que además les ayudaría a recomponer sus propios negocios. Porque el tercer cerdito era consciente que mientras los riesgos se asuman de forma asimétrica en la sociedad, siempre habrá muchas personas dispuestas a despilfarrar si la factura de sus errores la pagan los demás.

Hablarles de variable y de generar riqueza no hizo sino excitar al EGO FEROZ, que aún soplaba en su interior.

Lo más suave que le dijeron era explotador, aprovechado, mal hermano€Ś Después de su desgracia, sólo esperaban ayuda a cambio de nada. Tenían derecho, gritaba su EGO FEROZ.
El tercer cerdito, calmadamente les explicó que si pretendían vivir a su costa, eso sólo supondría mayor sacrificio para él e incluso su quiebra, con lo que, al final, no valdría para nadie la solución. Su EGO FEROZ, gritaba y aullaba desde el interior viendo, miope como era, sólo el corto plazo. Si la suerte, le había favorecido a su hermano, debía compartirla con los menos afortunados, gritaban ya blandiendo pancartas.
ÂżSuerte? €“preguntó cabreado el tercer cerdito- ÂżSuerte? €“repitió-. ÂżMis miles de horas de trabajo, mi austeridad, mis inversiones de cara al futuro son suerte?
Les volvió a ofrecer trabajo, y ellos lo volvieron a rechazar. El viento soplaba, los cimientos aguantaban, pero, ÂżPor cuánto tiempo?

Leonardo terminó de hablar y se refugió en la contemplación del fuego. Yo volví a mi casa y a mi trabajo y traté de ver con ojos nuevos mi realidad, preguntándome qué clase de cerdito sería yo.

Fernando Sánchez Salinero
www.utopialeonardo.com

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: