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Andrés Miguel

Segunda opinión

Crudo invierno en el José Zorrilla. Resulta que estoy en el fútbol viendo el partido… no me pregunte qué partido, pues cuál va a ser, el Pucela-Ponferradina, el mayor acontecimiento deportivo que pueda darse en la historia del fútbol mundial... pega uno de los nuestros una carrera y se tira al suelo entre gestos de dolor… 

Y el que está sentado en mi mismo sitio, pero en la fila de arriba, va y dice: “se le ha producido una rotura del recto anterior y causa baja, al menos, las próximas 4 semanas, se aconseja tratamiento urgente de crioterapia, vendaje funcional cerrado muscular y evitar la toma de antiinflamatorios en los primeros días ya que esto puede poner obstáculos al proceso de limpieza del foco de la lesión y retardar la cicatrización.

 

¡Zumba el bolo! 

 

¡Estábamos sentados en la fila 15 del segundo anfiteatro, a no menos de 200 metros de la jugada y en un ángulo de 30 a 40 grados, con un frío que pelaba, gorro de lana hasta las cejas y bufanda por encima de las narices, lo que dejaba un espacio para sacar los ojos poco mayor que cuando los chinos los abren lo más que pueden, y va el tío y se sacude el diagnóstico como si tal cosa, sin electro, sin resonancia magnética, sin hielo durante 3 horas, sin análisis de sangre y orina, sin radiografías, sin esparadrapo, sin holter… vamos, casi como se han quedado las consultas de los centros de salud después de los muchos recortes sufridos en esta Sanidad nuestra!

 

Y digo yo. ¿Con tíos como éste, que ven las cosas desde tan lejos, cómo es posible que no viésemos venir esta puñetera crisis de la que dicen algunos que ya salimos… o que ya van saliendo ellos, que no lo sé muy bien? Pero no se asuste, que hoy no toca crisis, hoy voy a hablar de médicos…

 

Es que los españoles tenemos un ojo clínico que ni pa´qué. Es más, en este país hay dos cosas que somos por ciencia infusa, seleccionadores nacionales de fútbol y médicos, vamos, “más o menos” médicos. Ahora se va a poner de moda el baloncesto, pero tranquilos, futboleros, que va a durar 3 días, lo que tarde en dejar de salir Gasol en los telediarios levantando la medalla.

 

La última vez que acudí a una consulta iba a hacerme unos análisis de sangre pa´la empresa… No es que fuera a darle la sangre a la empresa, así literalmente, que la cosa no llega a tanto ni en Transilvania, es porque la empresa quiere saber si vamos a aguantar lo suficiente como para que saquemos adelante los objetivos… pero eso es otra historia…

 

El caso es que una enfermera, cargada con un tropel de expedientes, abre sin llamar la puerta de la consulta y puedo ver a la doctora que le dice a un jubileta de cuatro mil quinientos años que tose como la locomotora de los Hermanos Marx

 

“… sé que es duro, pero tiene que ser fuerte, tiene Vd. la enfermedad de Rabanillo". 


- “¡Dios mío! ¿Es muy grave? 


“Ya lo iremos viendo, señor Rabanillo, ya lo iremos viendo”.

 

¡Con 2 coj…! Me imagino la receta: “Paracetamol y mucha agua, Sr. Rabanillo, nada de sexo ni comer filetes si se ha dejado la dentadura en el vaso de agua”. Y el Rabanillo, entre contento y compungido, coge la cachaba y sale pitando para la residencia, que se acerca la hora del bingo.

 

Pues la señora que tenía a mi lado en la sala de espera, no contenta con el diagnóstico, va y me dice: “el paracetamol no le va a hacer nada; para la enfermedad de Rabanillo lo mejor son compresas frías… (En el rabanillo, pensé yo)… y una infusión de melisa por las noches”.

 

 ¡Ole tus…! ¿Pero por qué no hace el tío Herrera, a esta mujer, Consejera de Sanidad echando leches? ¡Mientras esta buena mujer pasa horas enteras en la sala de espera regalando este tipo de excelentes consejos, hay muchos médicos haciendo guardias desde su casa, pobrecillos, viendo el fútbol por la tele, repantingados en su sofá, en vez de estar a mi lado en el estadio, dando una segunda opinión a mi vecino de la fila de arriba! ¡No hay derecho!

 

Porque, no sé si se han dado cuenta, este sistema sanitario nuestro nos conduce a pedir una segunda opinión aunque no queramos. Te atienden tan deprisa, después de haber esperado tanto, que se te ha olvidado a qué ibas… y cuando te acuerdas… tienes que pedir cita con otro médico porque te da vergüenza volver al mismo, no te tome por gilipollas. No sé si el Gobierno es consciente del enorme coste económico de esto de la segunda opinión.

 

Esto lo arreglaba yo obligando a los médicos a seguir las enseñanzas y la buena praxis de Don Pablo, el médico de mi infancia (hay quien dice que no era médico, sino veterinario, aunque, a decir verdad, en el Pedrajas de los 70 casi daba igual). Recuerdo que una vez, se puso a examinar a un paciente que debía sufrir de la próstata; le obliga a doblarse hacia delante, a sacar el culo y va y le mete dos dedos por donde ya te digo… ¡Ayyy!, grita el pobre hombre, ¿pero qué hace, no ve que me ha metido 2 dedos y sólo hace falta uno? Y entonces, el buen Don Pablo, dijo una frase que se me quedó grabada para siempre… “Es que así tengo una segunda opinión”.

 

Barato, rápido, práctico… lo que se espera de un sistema sanitario decente.

 

Ni que decir tiene que mi padre y yo salimos de allí pitando, porque íbamos a que me viera las anginas…

 

Y qué me dicen del tacto, de la mano izquierda, del trato que, en ocasiones, se dispensa. Qué me dicen de las habilidades sociales, del feedback y todas esas leches de cómo atender bien al cliente, digo al paciente. Algo queda por andar. Debería haber una asignatura en 5º de Medicina que se llamara, “Cómo tratar adecuadamente a un paciente cuando lo que quieres es mandarlo a tomar por el recto anterior externo”… de 60 crédito por lo menos… Sé que es un poco fuerte pero, a poco que se les enseñara a los futuros facultativos, cuando te dijeran que tienes la enfermedad de Rabanillo no te sentirías como si se te hubiese contagiado el ébola.

 

Yo, ya que paso por aquí, podría enseñarles algunas cosas… ¿qué sé yo?, por ejemplo, tomen nota de la exquisita mano izquierda, del temple inaudito de este maestro del fonendoscopio Littmann, a la hora de dar una mala noticia:

 

- Hola doctor, su enfermera me ha dicho que andaba buscándome. 


Sí, Señor Rabanillo, tengo dos noticias para Vd., una mala y otra espantosa. ¿Cuál prefiere Vd. Primero? 


- Primero la mala, doctor… 


Rabanillo… a la vista de su diagnóstico, le quedan 24 horas de vida. 


- ¿Esa es la mala? ¿Es que puede haber alguna peor? 


¿Peor? Sí, bueno, es que ayer, cuando me pasaron su diagnóstico, no pude llamarle porque había fútbol en la tele…

 

Me voy, que me está dando un marichalazo y me estoy poniendo muy malito…

 

¡Felix Ángel, llama a una ambulancia! 

 

¡Félix Aaaaaaangel !!!!!!!!

 

 

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