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Andrés Miguel

Mamá Baltimore

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Su nombre es Toya Graham, pero ya es mundialmente conocida como “Mamá Baltimore”, seguro que la recuerdas.

Testigo de los disturbios que, durante días, se vivieron en su ciudad como consecuencia de la muerte de Freddie Gray, un joven negro que estaba en custodia de las fuerzas de seguridad, esta madre estadounidense se encontraba en casa el pasado 27 de abril siguiendo por la televisión las protestas que se dieron a raíz del triste fallecimiento, cuando descubrió en las imágenes a su hijo Michael, encapuchado, junto a un grupo de adolescentes, lanzando todo tipo de proyectiles contra la Policía.  

 

Y le faltó tiempo para presentarse allí y sacar a su hijo, a mamporros, de aquel ataque contra las fuerzas del orden.

 

Pica en Youtube “Mamá Baltimore” y verás la escena. No hacen falta más palabras.

 

Más allá de alabar la buena vista de la señora para descubrir a su hijo tras uno de los encapuchados (lo que dice mucho de ese sexto sentido que tienen las madres), lo que quisiera señalar es que una madre le mete 20 sopapos y 6 collejas a su hijo adolescente en plena calle, a la vista de todo el mundo y, en los estados Unidos, no la denuncia ni dios, es más, acaban de reconocerla como “Madre del Año en Baltimore”, con dos coj...

 

Si pasa aquí, a la pobre se le destiñe la melena. Entre otros muchos, le ponen una demanda su propio hijo, los sindicatos, los antitaurinos, Podemos, Ciudadanos (pa´no ser menos que Podemos), la Asociación de taxistas del Betis  y hasta la ONG “Apadrina un besugo”... ¡Que no se diga que no somos liberales! ¡Por Dios, cuánto tenemos que aprender de los americanos, ya me fastidia reconocerlo! Resulta que aquí hemos dejado de ser padres y madres normales, con valores y principios morales como la honestidad, la lealtad, la buena fe, la responsabilidad social y nos hemos convertido en una suerte de “Padres Corte Inglés”, abiertos todo el día y toda la noche para complacer a los chiquillos. Sin conocimiento.

 

A modo de resumen: Justificamos el mal comportamiento de los críos hasta el punto de no permitir siquiera que otros les llamen la atención. Sus necesidades son lo primero y no hay nada más importante ni urgente. Les consideramos perfectos. Vivimos nuestras vidas a través de las suyas. Nos empeñamos en ser sus mejores amigos, incluso, en ser mejores padres que los de sus compañeros de clase. Queremos a toda costa que tengan éxito y si hay que utilizar atajos para conseguirlo, los utilizamos… Somos capaces de todo esto y más en lugar de forjar su carácter haciendo de ellos buenas personas, honestas, responsables, cumplidoras… lo que a veces conlleva sentir frustración, obligación, necesidad… sentimientos que no les dejamos percibir, vivencias de las que, llegados a la edad adulta, no habrán podido aprender.     

 

Don José, mi maestro en 5º de EGB, pegaba unos capones con los nudillos que rozaban la perfección. Cerraba el tío el puño, adelantaba un poco el dedo corazón y te soltaba un viaje que veías estrellitas. Y nadie le demandó nunca. Es más, los padres le estaban, en general, agradecidos. Nos metía en vereda y nos hacía aprender, de manera instantánea, los valores y reglas de la sociedad en que vivíamos. Sí que había alguno más duro de mollera, pero hasta los más brutos de la clase se comportaban civilizadamente la mayor parte del tiempo. Y cuando no te cascaba un capón, te agarraba de la oreja y te la apretaba de tal modo, como frotándola, que te dejaba el dolor 3 días y con una color que ya quisieran para sí los chuletones al punto.

 

¿Nos hemos convertido, los de mi generación, en adultos gilipollas por culpa de 3 capones bien pegaos y un tirón de orejas? ¡Bueno, pues puede que alguno, no voy a engañaros, aunque ése sería gilipollas en todas las estadísticas, él lo sabe! Sin embargo la enorme mayoría somos hoy personas normales, tenemos trabajo, nos gusta el fútbol y si el niño trae 3 asignaturas suspensas que se vaya preparando… Muchos, no todos, de los padres más jóvenes, ésos a los que Albert Rivera quiere poner al mando del gobierno, si el niño trae 3 suspensos, se presentan en el Cole, ponen de ajo perejil al profesor, demandan al director por bullying y le piden una beca a la Junta pa´que el mochuelo pueda ir al psicólogo, no vaya el pobre a creer que hay que estudiar para aprobar todas. ¡Manda huevos!

 

Joer… es que me caliento… ¡Mamá Baltimore, eres mi héroe!

 

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