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Salamanca en blanco y negro

Paula Martín
Blog de Paula Martín

¿Quién dijo miedo?

¿Cuántas veces nos paraliza el miedo? Demasiadas. Ya lo dijo Paulo Coelho: “Cuántas cosas perdemos por miedo a perder…”. Y es que somos de naturaleza un poco cobardes. Nos asusta que las cosas nos vayan bien, pensamos que pronto todo fallará y que caeremos. Pero, ¿no nos damos cuenta de que si tenemos que perder es mejor hacerlo habiéndolo intentado que por ni siquiera haber movido un pie?

El camino hacia el éxito nunca es fácil, muchos abandonan antes de llegar por ese miedo. Pero empiezo a sospechar que ese miedo no es a que las cosas salgan mal, sino a que salgan bien. Porque… ¿Y si nos sale bien pero no sabemos reaccionar? Por eso a veces bajamos los brazos antes de tiempo… Miren que los “y si…” más habituales son los pesimistas, mientras que los positivos se esconden en el fondo del subconsciente haciéndonos dudar, pero lo hacen tan tímidamente que el miedo nos puede. Es el miedo al éxito.

 

Ante esto siempre encontramos excusas: “ay, es que ya sabes eso que dicen: mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Los refranes son leyes no escritas que no siempre aciertan y que tampoco se pueden utilizar para todos los contextos. Ya lo dijo Guardiola en su día: “no hay nada más peligroso que no arriesgarse”.

 

El riesgo no te asegura la victoria, pero al menos evitarás pensar cuando ya haya pasado la oportunidad que por qué no lo hiciste. Tampoco es cierto que los trenes solo pasen una vez en la vida porque nadie dice que si no lo consigues a la primera no lo hagas jamás, pero hay que saber aprovechar el momento. Hay que intentarlo, no importa si caes porque entonces sí tendrás una verdadera y nueva oportunidad: tras la experiencia de la primera caída, en la segunda oportunidad tienes más probabilidad de éxito.

 

Recuerden cuando aprendemos a montar en bici… Las primeras caídas duelen e incluso amenazas a tu padre con que jamás volverás a subirte a ese aparato maldito que te ha hecho llorar hasta quedarte dormida. Sin embargo, al día siguiente vuelves a montar. Y ya no te caes… ¡Incluso vas en línea recta! No necesitaste que fuera la tercera vez para vencer. Lo mismo ocurre en la vida, en el deporte…

 

Tú marcas tu progreso. Tú defines tus virtudes y tus límites. Tú inclinas la balanza hacia el signo positivo o negativo. Tú decides si luchar y ganar o quedarte tirado en el sofá viendo cómo otro consigue lo que tú anhelabas. Tú te defines a ti mismo. Tú decides si quieres ser tu propio campeón o dejar que lo sean otros por ti, ocupando tu lugar, el que a ti te pertenecía.

 

Es cierto que algunas actuaciones externas, que no dependen de ti, como pueden ser los árbitros en el deporte pueden influir, pero si ‘luchas y bregas con amor’ como decía el himno de nuestra extinta UDS, terminarás llegando, por más obstáculos que esos hombrecitos de negro te pongan.

 

Porque tú eres el que elige tu destino. Tú eres el responsable de tus decisiones y tus actos. Todo lo que te propongas está en tu mano. No valen las excusas, ni el miedo al éxito ni a la derrota, tampoco titubear a la hora de decidir: haz lo que sientas y quieras, pero hazlo, porque si caes nunca podrás reprocharte nada a ti mismo.

 

Puedes perder, hay un 50% de probabilidad, pero si lo pierdes todo seguirá igual. También puedes ganar, hay otro 50% de probabilidad y aquí, sin embargo, sí cambian mucho las cosas, la vida incluso.

 

Adelante. Quien no arriesga, no gana. La ambición y la valentía no nos vienen de fábrica, tenemos que ser nosotros quienes las pongan en práctica. Si no lo eres tú por ti mismo, hazlo por quienes depositaron en ti la confianza de que lo harías. Entonces estarás doblemente orgulloso.

 

Todo esto va dedicado especialmente a un equipo, a una familia diría yo, que es lo que visto que existe entre afición y equipo cada vez que visito el Municipal. Nadie dijo que sería fácil, pero no es imposible, es más, está más cerca el ‘sí’ que el ‘no’… Entonces, ¿por qué no arriesgarse?

 

Un día Manolo Preciado dijo de su Sporting: “Yo no soy muy purista, lo que sí quiero es que mi equipo sea ambicioso, que esté siempre dispuesto y se vea capaz de ganar a cualquiera. A partir de ahí, puede pasar de todo”. Este hombre consiguió ascender a un equipo que llevaba diez años en Segunda, con una deuda económica que había dejado al club varias veces cerca de la desaparición, devolvió la ilusión al Molinón, ganó en el Bernabéu al Madrid dando un recital…

 

Él confió en su equipo, en sus propias posibilidades y en los suyos y, por supuesto, en la afición que nunca le falló. Debemos aprender de los ‘grandes’ y Manolín es uno de ellos. ¡A por todas, Guijuelo!

 

“Solo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar”. Paulo Coelho.

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