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Ana Roa

¿Porqué llora tanto mi hijo?

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1.  LA COMUNICACIÓN MEDIANTE EL LLANTO EN LAS DIFERENTES EDADES.

Tal y como nos explican José María Cubells y Sonia Ricart en el libro “¿Por qué lloras?” Ed. Martínez Roca, no solamente lloran los bebés; atendiendo al criterio de edad podríamos hablar de varios grandes grupos de niños en los que la base del llanto es la necesidad de comunicación:

 

  • -Un primer grupo quedaría constituido desde el nacimiento hasta el primer año de vida.
  • -El segundo grupo incluiría desde el año hasta los tres años de edad.
  • -El tercer grupo desde los cuatro hasta los ocho años.
  • -El cuarto grupo es el de los niños ya mayores (de nueve o diez años en adelante)

 

Según los profesionales mencionados, en los dos primeros grupos, es importante consolar y acoger, pues no disponen de un vocabulario completo que pueda expresar sus sentimientos. En el tercer grupo ya encontramos un mayor incremento del vocabulario y del razonamiento, pero cuando la situación les desborda, no son capaces de expresar qué ocurre y aparece el llanto (en estas edades es más fácil adivinar qué sucede si estamos pendientes de sus reacciones, son un libro abierto en muchas ocasiones).El último grupo mencionado sólo llora cuando ocurre algo grave para ellos y no pueden expresar sus sentimientos con palabras aunque tengan medios para poder hacerlo; es fundamental que nos pongamos en su lugar y analicemos la situación para cambiar actitudes y erradicar pilares que den lugar a posibles conflictos futuros.

 

2. MOTIVOS CONOCIDOS QUE PROVOCAN EL LLANTO EN LOS NIÑOS.

-“Lloro porque me duele”: Cuando los niños lloran debido a algún golpe o quizá porque les duela alguna parte de su cuerpo, nosotros nos irritamos menos que en otras ocasiones pues la solución es más concreta (curar la herida, acudir al pediatra…). Si nos encontramos con el llanto debido al dolor físico, nuestra postura no será dramática respecto al tema pero tampoco es conveniente evitar la importancia real que tiene el hecho para el niño con palabras eufemísticas; es necesario decirle la verdad y ayudarle a afrontar su dolor. La experiencia como padres o profesores nos ayudará a poner ejemplos en los que nosotros mismos nos encontrábamos en la misma situación y cómo la fuimos superando.

 

-“Hoy vamos al médico”: Cuando los niños conocen la noticia de visitar al pediatra con su bata blanca y sus instrumentos de trabajo, suelen ponerse nerviosos y llorar; es necesario que nos anticipemos y hablemos con ellos de manera preventiva pues sienten miedo. Unas breves pautas explicándoles, por ejemplo, que el médico de entrada no les hará ningún daño y, si es así, ellos mismos podrán interrumpir y quejarse o, quizá, si tienen que ponerles una vacuna solamente dolerá el pinchacito inicial y el resto será rápido, ayudarán a calmar la ansiedad que los perturba. Es importante que los niños asimilen la visita al médico como un hecho necesario  y no desagradable.

 

-“Los payasos en las fiestas de cumpleaños”: Cuando aparecen los payasos actuando en las fiestas de cumpleaños algunos niños se asustan. Los payasos, los Reyes Magos, Papá Noel…son figuras que el niño está acostumbrado a ver en la televisión, los cuentos, el circo… pero no tan cerca, tan reales y con la posibilidad de que le den un beso o la mano…, para él son personas desconocidas y siente miedo. Es importante, por tanto, no demostrar nuestros sentimientos de disgusto e incluso frustración ante esta situación, pues deseábamos que fuera una sorpresa alegre para el niño. Intentaremos calmarlo, explicarle qué están haciendo los personajes y tratar de introducirlo en el ambiente despacito y sin forzar. Será fundamental que perciba una actitud de seguridad y confianza por nuestra parte.

 

3.  “CUANDO EL LLORIQUEO DEL NIÑO NOS MOLESTA…”. UTILIZACIÓN DEL LLANTO PARA CIERTOS PROPÓSITOS.

Para este último apartado tomaremos como referencia una de las “Reglas o Recetas Básicas para Educar” de Carolyn Meeks (Ed. Medici). Cuando el niño ha incorporado a su comportamiento la costumbre de lloriquear para conseguir ciertas cosas, nos irritamos en circunstancias como la siguiente citada por la autora antes mencionada:

“Puuedo coger una galleta, por favoooor”, lloriquea Tina, de ocho años.

“Poor favoor, mamáaaa. Sólo una máaas.”

“Por Dios, Tina, para ya de lloriquear”, dice la madre.

“Síiii, pero daame una galleta, por favooor”, sigue berreando la niña.

“¿No me has oído? ¡Para ya de lloriquear!”.

Tina se da cuenta, viendo la cara que pone su madre, de que ha llegado el momento de cambiar de estrategia. Se va al comedor y vuelve al cabo de treinta segundos acompañada de su muñeca Caty.

“Poor favooor, mamá. ¿Puedo darle una galleta a Caaatyyyy?”, lloriquea de nuevo.

En consecuencia, el niño sabe que el lloriqueo es un método efectivo para conseguir lo que quiere.

SOLUCIONES:

Carolyn Meeks nos propone varias:

 

  • 1. Ignoremos el lloriqueo. Los niños suelen hacer cosas que sacan de quicio a sus padres con el fin de atraer la atención de éstos. Si admitimos el lloriqueo, les reforzamos en su actitud.
  • 2. Nunca accederemos a una petición que vaya acompañada de lloriqueos. Los niños aprenderán que esa petición ni tan siquiera se discutirá mientras persista esta actitud.
  • 3. Diremos a los niños que vuelvan a pedirlo más tarde, pero en un tono de voz normal.
  • 4. Otorgaremos contrapartidas:”Cuando me hables en un tono normal, podemos ocuparnos de tu galleta”.

 

Cuando más tarde el niño se dirija a nosotros en un tono de voz normal, nos aseguraremos de de agradecérselo y de recompensarle de alguna manera; por ejemplo, dándole un abrazo, una palmadita en la espalda o una galleta si conviene.

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