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Ana Roa

CÓMO MOTIVAR A LOS ALUMNOS

En muchas ocasiones nos encontramos con niños sin hábitos para realizar los trabajos de clase desde las primeras etapas, ¿será que no les interesan lo suficiente?, ¿por qué se sienten aburridos antes de conocer el tema que vamos a tratar?


Para reducir el nivel de desmotivación desde la etapa infantil tendremos en cuenta que:


No podemos exigir el mismo nivel de resultados  a cada niño. Todos los objetivos no pueden ser iguales.


Debemos intentar la adaptación de la enseñanza a las posibilidades reales de cada caso.


Es conveniente ver qué dificultad concreta plantean los niños con problemas de conducta o de atención y qué factores intervienen en su dificultad.


Debemos construir un programa de objetivos para niños “especiales” y ponerlo en práctica.

 

En nuestro trabajo diario dentro del aula encontramos una serie de dificultades. Existen niños distraídos que no se concentran, o se mueven mucho (rasgos relacionados con el déficit de atención o con la hiperactividad); otros están desmotivados (no ven en las enseñanzas los valores positivos ni se  realizan a través de los trabajos cotidianos); otros presentan dificultades perceptivas; en ocasiones encontramos niños inseguros, incapaces de prescindir de nosotros y de resolver los problemas por sí mismos por medio de la toma de decisiones y la asunción de responsabilidades; en otros casos los niños son manipuladores e intentar salirse con la suya evitando el esfuerzo que supone un trabajo en clase …, todos esto desemboca en una alteración de nuestro ritmo de trabajo generando conflictos que no son sencillos de resolver.


¿Qué entendemos por “motivar”?


Motivar implica despertar interés, la motivación se traduce como entusiasmo por aquello que es necesario y útil; así la persona es protagonista en el descubrimiento de ciertos aspectos y saberes.


Cuando la profesora motiva, forma alumnos estratégicos que preguntan por nuevos caminos y descubren horizontes variados. La motivación intrínseca, la que surge de dentro de nosotros mismos, basada en la autoaceptación, la autoestima y la autonomía, constituye nuestra meta de desarrollo en el trabajo diario con nuestros alumnos.


¿Cómo podemos motivar a nuestros alumnos? Estrategias


-Dando sensación de confianza y manteniendo una actitud cercana y de apoyo incondicional con los niños.


-Promoviendo la participación continúa de todos los alumnos en el aula.


-Preguntando y suscitando dudas, planteamientos, relaciones, caminos y horizontes nuevos.


-Formando alumnos con  un arsenal de estrategias que les ayude a sentirse eficaces y ágiles en la resolución de conflictos.


-Dando oportunidad a todos de experimentar el éxito y sentirse reconocidos y gratificados por ello.


-Mediando entre ellos y desarrollando una educación personalizada.


La salud en los niños en la etapa de Educación Infantil… ¿es tan buena como creemos?, ¿se alimentan de manera adecuada?


Es importante que en esta edad el alumno esté cuidado e intente dormir las horas que necesita. Costumbres como no acostarse tarde a pesar de que pida ver películas, el baño de agua caliente antes de dormir para relajarse, el cuento antes de dormir, practicar algún deporte, adecuar el vestuario a la época del año y cuidar la alimentación, le influirán positivamente en su rendimiento.


Por la mañana es fundamental un buen desayuno. A veces, los niños empiezan la jornada escolar con un simple vaso de leche; todos sabemos que el desayuno es la comida más importante del día porque aporta los nutrientes necesarios para afrontar las múltiples actividades cotidianas. Así no podemos olvidar que los cereales son indispensables pues están enriquecidos con vitaminas y minerales. Es conveniente recordar a las familias la importancia de una dieta equilibrada y de un buen desayuno a base de leche, fruta y cereales para un mayor rendimiento en el colegio y un adecuado estado físico.


 La responsabilidad…, ¿cómo enseñársela?


Desde las primeras etapas debemos explicarles que una persona es responsable en la medida en que asume sus obligaciones desde dentro, por propia iniciativa y sin angustiarse, y no desde fuera, por imposición. La responsabilidad exige un esfuerzo y una planificación. Es importante que los niños comprendan que pueden ser responsables si asumen lo que quieren hacer y ponen los medios necesarios para lograrlo; de esta manera el trabajo de clase no se convertirá en una obligación sino en un medio que les permitirá saber más y desarrollar sus habilidades. Darles ciertas responsabilidades (repartir material, regar las plantas de clase, cuidar la mascota…) es ayudarlos a entender que existen acciones y consecuencias que dependen de ellos; deben realizar estos “encargos” con seriedad y hacerlos lo mejor posible. Es importante que conozcan que cuando una persona es responsable tiene que responder de algo ante alguien, se ha comprometido. En estas edades, los niños ya pueden conocer qué significa la palabra compromiso.


¿Qué error fundamental debemos evitar cuando hablamos de “motivar”?


La profesora y los padres no deben presionar al niño en exceso creyendo que no se esfuerza porque no quiere. Al actuar de esta forma le responsabilizarán directamente de sus malos rendimientos y se sentirá culpable; entonces se agudizarán los trastornos de conducta, de atención…y, al sentirse comparado con otros niños, de nuevo su pensamiento quedará atrapado en un círculo vicioso: “si no obtengo buenos resultados es porque no me esfuerzo”. El error que debemos evitar es, por tanto,  presionar al niño, puesto que de esta manera no ayudamos a detectar la dificultad real y no podemos encontrar la solución adecuada.


Pautas para trabajar con  los alumnos y encontrar “motivación”, base de la calidad educativa:


- Planificar las actividades distribuyendo el tiempo entre ellas.


- Saber lo que tenemos que hacer en cada momento.


- Hacer las cosas y realizar los proyectos por interés propio, sin necesidad de que nadie nos obligue a ello.


-Ser constantes y esforzarnos para sacar el máximo partido de nuestros trabajos.


-Saber que los refuerzos materiales (premios) nos ayudarán a mantener nuestras buenas conductas en ocasiones, pero recibirlos no debe convertirse en un hábito diario.

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