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Revolución digital

Antonio Ferreras
En esta década el mundo va a cambiar más que en los doscientos años anteriores

Uber

Uber es una startup americana dedicada a organizar el trasporte entre particulares. Esta simple idea ha conseguido una financiación sorprendente entre los inversores americanos, y ha puesto en pie de guerra a multitud de asociaciones de taxis de todo el mundo. Entérate por qué.

Pues los taxistas están cabreados como monos y no les falta razón. Años soportando las regulaciones más diversas por parte de los ayuntamientos, pagando licencias y soportando inspecciones... Y ahora cualquiera puede ponerse a transportar gente de lado a lado de la ciudad sin más que tener un rato de tiempo libre y apuntarse a la plataforma. El asunto no es para tomárselo a broma... de momento ya lo han llevado a Bruselas. Yo no estoy de acuerdo con la regulación mediaval a la que se someten algunas profesiones (incluso para autorizar de forma discriminatoria el ejercicio de la profesión: farmacias, procuradores, taxistas y demás gremios del siglo XXI); pero es que antes de eso, las leyes deben valer igual para todos...

 

 

Funciona de manera muy sencilla: te bajas la aplicación al móvil, solicitas un vehículo y viene a por tí. Mucho más barato que un taxi normal. El truco es que son conductores ocasionales, no porfesionales, los que realizan el servicio de taxi, y con su propio vehículo. Simplemente se registran en Uber, a cambio de pagar a la compañia el 20% de los ingresos que realicen. La primera ciudad donde prestan sus servicios en España es Barcelona, con una presencia de momento testimonial pero que, en tiempos de tanta crisis y paro, está creciendo como la espuma. En otras ciudades, como Bruselas o París, han arañado una cuota considerable del mercado, aproechándose del mal servicio que los taxistas tradicionales prestaban, confiados en el monopolio que disfrutaban.

 

 

Está claro que el sistema no está regulado. Originalmente se definió como una comparticón vehículo entre particulares, pero salta a la vista que es un servicio de taxi en toda regla. Y nuestros consistorios mirando (y poniendo radares). Otra particularidad es que los clientes y conductores no se intercambian nunca dinero. Los transportados pagan con su tarjeta de crédito directamente a Uber, en función del tiempo de viaje o de los kilómetros recorridos. Más tarde, Uber hace cuentas con el conductor, previo descuento del 20% de su comisión. Precio fijo, sin recargos por equipaje, ni por salirse de zona, ni por ir al aeropuerto, ni por las mil y una zarandajas que nos llegan a contar. Una ventaja es que los timos del Aeropuerto de Barajas y resto de discusiones con los taxis serán bastante menores.

 

 

Ah! Y en Uber no se aceptan propinas por definición; quizás no es un problema muy grande en España, pero en otras tierras, en las que si no dejas un 15% de propina te arriesgas a que te agredan, es una ventaja a considerar..

 

Antonio Ferreras

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