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Retratos de mujeres

Ester Bueno

Reivindicación, autoestima, pasión

Hoy es día ocho de marzo y a lo largo y ancho del planeta, en instituciones, asociaciones, partidos políticos y colectivos,  reivindican los derechos de las mujeres. Un día en el que mujeres y hombres unidos participan en actos de todo tipo, encuentros donde se instruyen análisis de lo conseguido y de lo que queda por hacer, del debe y el haber en una lucha que parece no terminar nunca a pesar de los esfuerzos.

 

Los datos sobre violencia, diferencias salariales, hándicaps y retos a batir se  suceden en los medios de comunicación desde hace ya unos días y establecen el contrapunto con la vorágine en que vivimos de corrupciones y legiones de advenedizos que se aprovechan del resto. Poner de manifiesto la lucha de las mujeres, explicitar los trabajos que llevan a cabo las organizaciones y asociaciones que las representan es también una parte importante de la reivindicación, la de hacer visible lo obvio y  mostrarlo al mundo como una realidad y no como un soterrado ámbito secundario.

 

Creo que hay dos líneas que seguir en la lucha de la igualdad entre mujeres y hombres, dos líneas que se han de repartir entre lo público y  lo privado. En lo público, aquí y en cualquier parte del mundo, los colectivos y asociaciones de mujeres seguirán trabajando, haciéndose más fuertes, aglutinando datos y experiencias y llamando a la puerta de gobiernos y gobernantes, pidiendo justicia, pidiendo igualdad, tendiendo la mano a las mujeres que lo necesiten, implementando campañas para educar, buscando recursos económicos y lanzando los mensajes que deben calar en la sociedad, por rectitud.

 

Y en lo privado es donde más tenemos que dar la batalla, cada una en función de nuestras posibilidades, sin pedir heroísmos pero siendo conscientes de que desde el centro de cada una de nosotras también ha de partir la solución colectiva. Romper los miedos a hablar, romper los miedos en nuestro pequeño ámbito, alzar la voz ante una expresión o actuación machista, no aceptar lo inaceptable por mantener la “pax romana”, dejar, a veces, de ser políticamente correctas y enfrentarnos a esos pequeños detalles  inaceptables que al final conforman la vida entre unos y otros. Y también en lo privado reconocernos y sabernos capaces de conseguir lo que nos propongamos, afrontar los retos de la vida con la autoestima del vencedor, no dejar manipular los sentimientos en base a roles antiguos y pasados de moda. Ser sexualmente libres y decidir por nosotras, nuestros momentos y nuestros caminos. Abrir el mundo a nuestros hijos con igualdad y permisividad, con respeto y rectitud.

 

Por último en este ocho de marzo me gustaría hablar de la pasión. De la pasión necesaria que hemos de tener para vivir, convivir, ser nosotras y ayudar a otras. Conozco a muchas personas, a muchos hombres y mujeres. Si tuviera que buscar una diferencia entre sexos, no elegiría la fuerza ni elegiría los típicos tópicos de mapas y hacer dos cosas a la vez. Elegiría la pasión como diferencia, entendida como la fuerza interior para superar los obstáculos, para ser luz y guía, para estar ahí como roca inamovible, la pasión para abrazar, la pasión para superarse a sí mismo, la pasión para amar y para aguantar los destinos implacables. Y ahí, nosotras, vencemos en la balanza de las diferencias, si hubiere de ser establecida.

 

La pasión os hará libres

 

Ester Bueno Palacios  

(Presidenta de la Asociación Josefina Aldecoa)

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