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Retratos de mujeres

Ester Bueno

No hay supermujeres, somos simplemente “personas”

Soy de una generación de transición en la que muchas de  nuestras madres no accedieron al mercado laboral porque no tuvieron posibilidad y porque lo más habitual era trabajar sólo dentro de la casa, al cuidado de los hijos y con unas claras limitaciones impuestas por una sociedad controladora donde los hombre tenían todos los privilegios.

 

Sin embargo nosotras sí pudimos formarnos,  trabajar fuera,  viajar, explorar y  decidir una vida con otras variantes. Aunque siempre nos hemos sentido como portadoras de un estigma de cambio en el que tenemos que demostrar que podemos compaginar todos y cada uno de los aspectos que se presuponen inherentes a nuestra condición femenina.

 

Así se creó el mito de las supermujeres, las que podían estar ocho horas en una ocupación remunerada y después llegar a casa y estar pendiente del “hogar” con todas sus acepciones. Ser la máxima responsable de los hijos, del orden, de las necesidades, compras, médicos, etc, etc… En una suerte de condena que nada tiene que ver con la liberación.

 

En este juego, por supuesto, entra también el hombre, la pareja, que se sentía modernísimo cuando decía: “yo ayudo a mi mujer en casa”. Frase lapidaria que me he empeñado en desterrar en todos los foros, corrillos, cenas, o eventos de cualquier tipo en el que ha surgido. ¿Cómo que ayudar? ¿Cómo que ayudar? No amigos, hablemos de COMPARTIR.

 

Ahora veo a las amigas de mi hijo, chicas de 19 o 20 años, universitarias felices, que sí han aprendido que eso de las supermujeres es una milonga y que somos personas que compartimos espacios y tiempos. También porque nosotras, las madres de los varones, hemos hecho nuestro trabajo de campo en la casa y hemos eliminado esos privilegios que nuestros hermanos tenían concedidos por sus propias progenitoras.

 

Yo también he aprendido últimamente que no soy una supermujer, y me va mejor. Aunque he de reconocer que tengo tendencias controladoras adquiridas que son muy difíciles de erradicar de mi modus vivendi.  Practico cada día eso sí. La indolencia con las tareas de la casa, el mirar por el ocio y ser consciente de que hay que descansar de vez en cuando. Sofá y mantita sin remordimientos y dedicar mucho más tiempo a los que quiero. Ejercicios que recomiendo.

 

Seamos nosotras mismas, dueñas de nuestros tiempos y de nuestro futuro

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