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Retratos de mujeres

Ester Bueno

La infanta

En el diario de la Real Academia una de  las acepciones de la palabra “infanta” es:  “niña menor de siete años”. Y realmente Cristina de Borbón se comporta como alguien aún más joven de esa edad, sin darse cuenta de que vive  en un ambiente de privilegios y de lujo que parece no ser suficiente para ella.

 

En este blog me gusta hacer “retratos de mujeres” con coraje,  mujeres con una trayectoria vital ejemplarizante,  mujeres con dificultades en un mundo donde la crueldad sale a borbotones, mujeres que batallan contra cánones establecidos en sus países … En el amplio espectro de mujeres que se pueden pintar y definir me he negado a hacer protagonista, aunque fuera de forma caricaturesca, a este prototipo que tanto gustaba a los dirigentes franquistas de “la casadita culta” o “la  madre abnegada” o “la pobrecilla que no se entera de nada” o “la limpiadora impertérrita con bata de boatiné y perlaquillas de segunda para salir del bracete del marido a misa”.

 

Y creo que la infanta ha desenterrado imágenes de ese tipo con su actitud y su forma de enfrentar los problemas de los que está rodeada. Tras décadas de lucha feminista vemos personajes, como uno de sus abogados, diciendo que "cuando una persona está enamorada, confía en el cónyuge" o que está "absolutamente convencido de la inocencia de la infanta, y esa inocencia pasa obviamente por su fe en el matrimonio y el amor por su marido". Décadas de actuaciones por las libertades de las mujeres que se rompen con argumentos excéntricos y pasados de vueltas como es el caso.

 

No sé si la infanta Cristina es inocente o culpable, la presunción de inocencia ha de  primar en éste y en cualquier otro caso judicial. También la igualdad de trato debe ser ejemplarizante. Pero  desde luego dice muy poco a favor de ella, de sus letrados y de la cohorte de protectores que en diferentes ámbitos intentan resguardarla, que la máxima defensa ante su imputación sea que no sabía lo que estaba pasando en su propia casa, que no se enteraba de las actividades del marido con el que compartía hogar y vida cotidiana, que su ignorancia se extendía a no conocer de donde salía el dinero para actividades o compras relacionadas con el ámbito familiar y de la casa, etc,etc.

 

En todo caso, si aceptamos esto como su verdad, hemos de convenir en la rareza del hecho.   Pero el flaco favor que nos hace a las mujeres en general también hay que ponerlo de manifiesto. Si eres un personaje público y formas parte del imaginario colectivo también tienes una responsabilidad y no te puedes permitir ciertas licencias.


Parece que algunos quisieran volver a momentos ya olvidados cuando se necesitaba la firma y supervisión del marido, o del padre o hermano en su caso, para abrir una cuenta bancaria.

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