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Retratos de mujeres

Ester Bueno

Hay esperanza

Ayer tuve la oportunidad de asistir a un Pleno de la Diputación Provincial de Ávila con motivo del Día Internacional de las Mujeres. Aparte de los típicos tópicos que se manejan en este tipo de eventos, a los que no denosto porque sirven para hacer visibles a las mujeres rurales y ponerlas, al menos por un día, en el candelero mediático y en la primera página de la actualidad, ayer fueron parte de esa sesión plenaria los alumnos del Instituto Claudio Sánchez Albornoz de El Tiemblo, que pusieron el acento de los jóvenes en este mundo absurdo y caótico que en todos los sentidos construimos los adultos día a día.

 

La encomiable labor de un profesorado comprometido con la igualdad, la intuición primaria y verdadera  de la justicia que sólo los más jóvenes parecen poseer y que guardan impoluto hasta que el mundo se encarga de que se oscurezca, el sentido del humor, la interculturalidad y la falta de prejuicios, fueron los protagonistas de unas intervenciones llenas de cordura y que me hacen creer que hay esperanza.

 

Debe haber esperanza cuando chicos y chicas juntos hablaron con seriedad sobre la importancia de que mujeres y hombres caminen juntos y no en filas dispares, cuando mediante bromas y sketches se atrevieron con asuntos como la necesaria convergencia en los roles que desempeña cada sexo tradicionalmente, que en muchos casos se sigue manteniendo y especialmente en sociedades pequeñas, o también sobre la opinión en cuanto a esos roles y “la hombría o femineidad” de los individuos. Debe haber esperanza cuando todos los que estábamos nos dimos cuenta de que la realidad casi siempre supera la ficción y que se continúan manteniendo expresiones y opiniones que a pesar de la masiva información que llega a través de la televisión, la radio o Internet son casi imposibles de desactivar.

 

Los grandes cambios, en la historia o en la vida cotidiana de cada uno casi nunca son repentinos,  son el resultado de procesos pequeñísimos, infinitesimales, que sumados culminan en esas variaciones que al final hacen mover las cosas indefectiblemente. Por eso creo que hay esperanza, porque sí hay gestos en nuestra sociedad que lo ratifican.

 

La muerte de mujeres por violencia de género es, a mi entender, el mayor símbolo de desigualdad, el mayor reflejo de que la prevalencia de la brutalidad sobre la razón nos acompaña; la diferencia en los salarios y la poca presencia de las mujeres en los puestos de responsabilidad de las grandes empresas, gobiernos e instituciones; el altísimo nivel de paro femenino; el hecho de que sean ellas las que renuncien a su vida personal para cuidar a la familia y que no se vea normal que esto mismo lo haga un hombre; los ataques contra la libertad de decidir sobre nuestra maternidad; las asignaturas pendientes en países del tercer mundo donde la mujer es moneda de cambio y de venganza o donde prácticas brutales cercenan su libertad sexual y su integridad física; un largo etcétera con el que llenar páginas y páginas en blanco.

Pero creo que hay esperanza, y está en los más jóvenes y en los que les educan y les guían, profesores y padres que encienden una luz en la oscuridad.

 

Ester Bueno Palacios
Presidenta de la asociación de mujeres Josefina Aldecoa  

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