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Retratos de mujeres

Ester Bueno

Gallardón y la osadía de jugar con fuego

En estos últimos días se ha hablado mucho de las nuevas tasas judiciales, del “tasazo” como lo denominan los medios de comunicación. Magistrados, peritos, procuradores, abogados y funcionarios de la justicia, un colectivo habitualmente poco reivindicativo en las calles, ha salido a manifestarse desde el más íntimo convencimiento de que la justicia ha de ser para todos y que las medidas implementadas por el Gobierno son de todo punto inaceptables e impedirán, si no hay variación, que el acceso a este servicio sea posible sólo para quienes puedan pagarlo.  

Especialmente escandaloso ha sido el hecho de que no se eximiera ni siquiera a los colectivos más vulnerables del pago de estas tasas. Léase víctimas de violencia de género, víctimas de terrorismo, víctimas de trata,  personas con discapacidad o menores maltratados.
 

Y en este blog de “historias de mujeres” no queremos escribir la biografía de más muertes o de más injusticias respecto a la violencia de género. Es cierto que los casos penales no se incluyen en el periplo de medidas indignantes, pero sí otros que pueden suponer un grave obstáculo para que las víctimas accedan a procesos judiciales que pueden salvar sus vidas. Pero lo más sorprendente ha sido que tras un proceso de presión social y política intenso, con organizaciones de derechos humanos y federaciones de mujeres alzando la voz ante la inmoralidad el hecho, el ministro Gallardón hace un anuncio circense que posteriormente se ha revelado como quimérico.  

En su más pura línea de protagonista estelar, Alberto Ruiz Gallardón anunció sorpresivamente que estos colectivos vulnerables, incluido el de las víctimas por violencia de género, tendrán justicia gratuita.  Todo ello a pesar de que el 27 de noviembre el PP voto en contra de la exención de tasas para este colectivo y de que a día de hoy si una mujer maltratada quiere pedir el divorcio de su agresor o solicitar el reparto de bienes del que la estaba golpeando o acosando tendrá que pagarlo.
 

Cualquiera que disponga de la más mínima sensibilidad puede entender el sufrimiento de una mujer que está soportando maltrato y  percibir que el primer paso para romper esa cadena tremenda es separarse de su agresor, no sólo físicamente, sino de todo lo que la puede vincular a él, los bienes, las relaciones económicas de cualquier tipo, etc. Si se ponen trabas a estos procesos, y ya lo ha advertido el Consejo General del Poder Judicial, se produce un quebranto a los derechos de las víctimas.
 

Esperamos que se modifique el anteproyecto de ley, en defensa de los derechos de las mujeres. Sin duda desde las organizaciones que las representamos seguiremos reivindicando que no se reduzcan medios en esta lucha para evitar más muertes y más vidas destrozadas.  

Ester Bueno Palacios

Presidenta de la Asociación de Mujeres Josefina Aldecoa


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