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Retratos de mujeres

Ester Bueno

El Papa, las mujeres y más

El revuelo ocasionado por la entrevista que el Papa ha concedido, sin censuras ni lugares prohibidos, a publicaciones de la Compañía de Jesús, ponen de nuevo en el candelero algunos controvertidos aspectos en los que la Iglesia se había mostrado siempre rígida e inmovilista y coloca a la religión católica en un punto mediático destacado, en un mundo que se mueve mecido o bamboleado por la información y por los métodos de difusión de esa información.

 

Ya de entrada, sin ponerse a valorar el contenido, hay que reconocer que el Papa Francisco sabe hacer las cosas y maneja los tiempos y las posibilidades de difusión de sus opiniones de manera inteligente y certera. Además, acostumbrados a imposiciones claras y a opiniones que a veces rozaban la irracionalidad, es verdad que merece la pena escuchar y analizar lo que muchos anuncian como “nuevos tiempos”.

 

 El Papa ha elegido para su discurso ante el mundo, sobre todo el mundo católico, más avanzado que la jerarquía, más moderno, con ganas de cambio, con deseos de evolucionar y de sentirse dentro de un colectivo religioso más permisivo, tres ítems  que estaban en el punto de mira: el papel de las mujeres, la homosexualidad y el uso de preservativos.  Tres asuntos que claramente lastran a la iglesia, manteniéndola en posiciones vetustas y casposas y que sin duda impedían que un número elevado de personas, aún sintiéndose creyentes, se acercaran con confianza a los brazos del catolicismo. Es decir, Francisco, como quiere ser llamado, sin alharacas ni titulillos, tiene claro que la Iglesia tal como está concebida se desmoronaba a ojos vistas, sobre todo en el primer mundo, donde está el dinero y el poder, y que necesitaba “un giro a la izquierda”  de manera rápida.

 

Ahora, yendo al contenido del mensaje, si bien ha dicho que las mujeres tienen que tener presencia en los órganos de dirección, también ha afirmado que no pueden acceder al sacerdocio, ¿una de cal y otra de arena?. Y si la iglesia está compuesta por hombres y mujeres, en iguales proporciones, por qué sólo él, como hombre, o la curia regia, tienen la potestad de establecer si están o no están las mujeres en uno u otro lugar. ¿Por qué no democracia interna, para todos, también en el seno de la Iglesia?.

 

Me temo que lo mediático se come al entresijo del problema en el caso de las mujeres y que, además, la mayoría de las féminas que toman los hábitos y apuestan por la vida religiosa están imbuidas de tal sentimiento de servicio y de sometimiento que no darán batalla a la hora de reivindicar un lugar igualitario en el seno de esta tremenda maquinaria de poder espiritual y económico.

 

Lo que sería de agradecer es que el Papa Francisco establezca ya un mandato explícito y claro sobre dos temas: acerca del uso del preservativo, porque es una cuestión de vida o muerte para cientos de miles de personas en muchos países del mundo y  sobre la posición de la iglesia ante la homosexualidad, que no sea un tabú y que todos los sacerdotes y prelados, de norte a sur y de éste a oeste, prediquen que todos somos iguales ante Dios y ante los hombres en este ámbito.  

 

Ester Bueno Palacios
Presidenta de la Asociación Josefina Aldecoa.

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