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Retratos de mujeres

Ester Bueno

Aumentan las muertes de mujeres en España

Hace pocos días el ministro Fernández Díaz comparecía ante los medios de comunicación para dar cuenta de los datos sobre criminalidad en 2013 e informaba de que se experimentó un descenso general de un 4,3 por ciento en el número de delitos en comparación con el año anterior.

 

Pero como siempre, lo de la generalización suele ser poco certero, y esta cifra que con optimismo barajaba el político del PP se ve ensombrecida y marca como “preocupante” un parámetro: las violaciones aumentaron un 1,4% y el número de mujeres que perdieron la vida a manos de sus parejas y ex parejas subió un 3%.

 

Los tantos por ciento son también desgarradoramente fríos y poco representativos. Hay que contemplar la lastimosa realidad tal y como es, con nombres y apellidos de personas que tenían una vida que vivir, con los avatares normales del devenir de las cosas, y que la han visto truncada bien por una violación o por un episodio de maltrato que en muchos casos termina con la muerte. Han sido 1.298 las mujeres violadas en el año 2013, y 54 las que han fallecido víctimas de una violencia machista que parece imposible de erradicar de nuestra sociedad, tan moderna, divertida y envidiada por gentes de otros países por “nuestra forma de ser”.

 

Llama la atención el elevadísimo número de violaciones de mujeres en España. Un delito que atenta contra la intimidad, contra la dignidad y la integridad de las mujeres. Los psicólogos dicen que las secuelas que sufre la mujer violada, el daño psíquico siempre es grave “ya que su relación con el mundo, consigo misma, con su cuerpo, con su sexualidad y con los demás, quedará marcado por lo siniestro, entendiendo por siniestro aquello en que algo que es familiar y conocido se torna repentinamente en algo desconocido, diferente y terrible”. No es por tanto un asunto de fácil recuperación o superación, sino una verdadera herida, difícil de superar y que marca la existencia para siempre.

 

Según los expertos, tanto la violación como la agresión de cualquier tipo dentro de una pareja, todo lo englobado en la violencia de género, provoca en la víctima un síndrome de estrés postraumático que deposita secuelas psicológicas y biológicas en la persona agredida.. Dicen que este tipo de violencia “tiene una cualidad retraumatizante y su efecto es también mediato. Se trata de un efecto de largo plazo que genera en la víctima una incapacidad cada vez mayor de llevar a cabo su vida normal. Es como si la violencia tuviera la capacidad de instalarse en la vida anímica, y periódicamente manifestara a través de imágenes terribles la presencia de aquello que se consideraba dejado atrás. Los flashbacks, los recuerdos o sueños inopinados que se presentan en el síndrome de estrés postraumático son la evidencia metafórica de la presencia permanente de un poder terrible y aniquilador”.

 

Fuera de las cifras está la realidad patente de las vidas de las personas y en esto han de ocuparse los poderes públicos y los responsables políticos, más que de si es mejor estar en Valladolid o en  Filipinas.

 

Ester Bueno Palacios.

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