Gisele touceda original

Renglones torcidos

Gisele Touceda

¡Nos quieren pacientes!

¿Porque las organizaciones se “interesan” cada vez más en nuestras relaciones personales y en nuestros pensamientos cotidianos? Poder, política, manipulación, cultura, identidad…

 

El mundo que hoy se muestra inquietante, la rapidez de las comunicaciones, el arma de las redes sociales como medio de crítica y organización de la masa proletaria, el acceso a la información, la mudanza del perfil del consumidor (cada vez más informado y por sobre todo comprometido con la sociedad), la frustración laboral, la falta de tiempo libre para disfrutar, el despertar colectivo del trabajador que ya no ve a la empresa como un agente al que solo obedecer, si no que espera de ella algo a cambio… algo por lo que tenga sentido luchar, algo que motive nuestro esfuerzo, nuestro única baza … “ trabajo”.

 

Hoy no nos basta con un salario a fin de mes, hoy necesitamos darle sentido a nuestro tiempo y dinero invertido ¿en qué? ¿En quién o quiénes?  ¿Para quién? ¿A costa de qué?

 

Nuestro tiempo en trabajo hoy por hoy vale más que la materia prima, las inversiones, la bolsa y las divisas. Somos nosotros quienes estamos valorizando y cotizando nuestra fuerza laboral, y las empresas deben esforzarse por escuchar que es lo que queremos, y es así que a través de las redes sociales y sus “management community” se entrometen en nuestras vidas cotidianas, en nuestros pasatiempos, en nuestras familias y amigos, para colocarnos el caramelo donde deseamos. 

 

No nos engañemos, es otro modo de manipulación, las empresas no se están volviendo más humanas, somos nosotros quienes queremos que las empresas se humanicen y por ende, ellas aparentan “interesarse” por escucharnos y mostrarnos su “lado” más cercano, social y humano.

 

Su poder, ambición, política, egoísmo y destrucción siguen siendo el eslogan en los despachos cerrados; solo transforman su “identidad” porque es lo que los trabajadores y consumidores quieren, porque es la única manera de seguir exprimiendo y de mantener su poderío  ante el gran cambio que se aproxima… no queremos consumir por consumir, ya no más! Y tienen que agregar “valor” a su escaparate. Y ese valor es cada vez más dominado… hasta el punto de transformar nuestros valores (que hoy estaban volviendo a emerger con fuerza!) en aquellos que son más rentables.

 

Valorizar nuestro tiempo, concienciarnos de que detrás de nuestro trabajo y de cada compra hay un mundo de injusticias, cambiar el modo de vida, ¡pensar! Y por sobre todas las cosas, saber para DECIDIR. Y no que sepan demasiado para que decidan por nosotros… solo es posible si nos mantenemos firmes en nuestros pensamientos y sentimientos, sin dejar que ello comience a cotizar en bolsa.

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