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Recetas para educar

Juan Carlos López
Entusiasmo por la educación y por la vida

Y después de la comunión ¿qué?

En el  mes de mayo muchos niños han hecho las Primeras Comuniones, unos por convicciones de los padres y otros muchos por convencionalismos: ritual social, una excusa para juntar a la familia, por no atrevernos a ir contracorriente, porque lo hace todo el mundo, algunos porque a las niñas les gusta el vestido de “prenovia”, unos por ser protagonistas (los niños también terminan cogiéndole gustillo al evento), otros por los regalos…

Aunque también hay niños, los más tímidos, que aborrecen dicho momento pues no quieren ser el centro de miradas y pasan un mal rato. Todavía recuerdo como una niña decía a sus padres que ella solo haría la comunión si no tuviese que ir luego a misa, y si iba a misa, que no tuviese que comulgar.

 

En primer lugar desde el punto de vista de la familia, hay que intentar, que la esencia no quede totalmente tapada por la fachada, que las fotos, el vestido, la comida y los regalos, dejen ver que es un buen momento para introducir no solo fe, sino también valores, y aprovechar la ocasión para renovarlos toda la familia. Un niño después del culmen de su Primera Comunión que se supone ha sido trabajada al menos en un año, debería ser “algo mejor” a nivel de persona y más seguro a nivel moral y religioso. Pero… ¿lo son? ¿Y a la propia familia  también se le ha pegado un poco de bondad tras la Comunión?

 

En este “montaje” que supone la preparación de la fiesta de este día, deberíamos intentar simplificar algo y mostrar independencia social y madurez. Quiero decir: el vestido que va a ser para un solo día no tiene porque ser el más caro. La comida tampoco  tiene por qué ser excesivamente copiosa y onerosa, y en un día así no deberían ser comidas ni de gula ni de dejar comida en el plato, se debe notar el paso por la iglesia. Todavía me parece increíble que se deban reservar los restaurantes con más de dos años de antelación.

 

Las fotos, sin querer perjudicar a ningún empresario, deben ser comedidas y las justas. Como lo deberían ser todo tipo de gastos.

 

El día debe intentar hacerse lo más tranquilo posible, para ello tiene estar previsto todo, hay que estar en la iglesia con suficiente antelación y no olvidar recordar a los familiares que es un lugar de culto donde se debe guardar respeto (en la iglesia no se habla, sólo con Dios… Tampoco con el móvil, Dios aun no lo usa)

 

Desde el punto de vista religioso, me centraré en dos partes, la familiar y la propia de la iglesia. A nivel familiar, como ya he comentado, la Primera Comunión debe ser un momento para algo más que aprender unas oraciones y recitarlas como letanías a toda velocidad, sin saber realmente lo que se dice. Debe servir para  que estos niños tengan siempre una actitud respetuosa en cualquier lugar de culto religioso, tiene que ayudarnos a ser personas con una actitud más bondadosa en la vida. Debe servir para que en las familias se hable de religión y de valores también a partir de ahora. Porque hay que seguir amueblando a nuestros hijos por dentro, y no sólo a nivel de cabeza sino también a nivel de corazón.

 

¿Y la iglesia qué? La iglesia como institución también debería reflexionar. En primer lugar, y partiendo del agradecimiento a todos los catequistas, tienen que velar porque la catequesis  sea la justa y adecuada para la edad. En muchas ocasiones “no se trata de más, sino de mejor”, no es cuestión de más años ni de antes, sino de hacerlo en el momento adecuado y con mucho tiento. Y se debería intentar contar con los mejores, al menos los mejores conocedores de cómo tratar a los niños, adentrándoles en este camino con gusto.

 

Y después… ¿qué? Es una pena ver cómo al mes posterior a la Comunión, apenas sean cuatro o cinco niños, de los casi cincuenta que comulgaron, los que vuelven a misa. ¿Qué falla? O mejor dicho: ¿Qué se puede mejorar?

 

Por supuesto los padres debemos pensar que tenemos que seguir trabajando  y acompañando a nuestros hijos en el camino emprendido, con una actitud ejemplar.

 

Pero, ¿por qué los niños no quieren volver a la iglesia? Aquí creo que necesitamos una seria y profunda reflexión por parte de mis amigos los sacerdotes.  Hay que cuidar la cantera: los niños no pueden aburrirse en la iglesia, y un niño se aburre cuando no entiende lo que escucha, cuando se le presenta algo muy lejano a él, por tanto debe renovarse el formato y el discurso que se trasmite, y renovarse no es sólo introducir las nuevas tecnologías.  Pensar que si solo hacemos una misa de niños al año (el día de la comunión) ellos nos pagarán con la misma moneda, yendo a la iglesia sólo un día al año.

 

Para mejorar, se debe evaluar. Preguntemos al salir de misa ¿de qué nos acordamos? ¿Del vestido de la señora de adelante?, ¿Del niño que no paraba quieto?, ¿Del peinado de mi vecina?, ¿De cuánto echó en el cesto el de al lado? ¿Del frío que hacía?

 

Se debe entender lo que se dice. Y lo tienen que entender todos. En la iglesia hay feligreses intelectualmente aventajados y también los que no lo son, pero todos, por el mero hecho de estar allí, se merecen la consideración y el esfuerzo de intentarnos hacer entender, y por su puesto también los niños. Y pensemos que cuando el discurso va dirigido a niños lo entienden también los adultos, pero que al revés no ocurre: un discurso dirigido a mayores no es entendido por los niños.

 

¿Cuántos asistentes a misa entienden y se acuerdan de las lecturas? ¿Y cuántos niños?

 

En la misa, debe haber música, y se debe seguir haciendo participe de ella a los niños.

 

Tiene que ser una celebración alegre, participativa, asequible y entendible. Cómo decía mi madre, “la misa debe ser: de media hora, que se entienda, y como Dios manda”.

 

Hay veces que en nuestra conversación con Dios, nos molestan las palabras del sacerdote, y estos deberían ser verdaderos interlocutores, aclaradores y catalizadores de la celebración religiosa.

 

Y todos debemos evaluar. Hace poco en un pueblo de Salamanca, al salir de misa un feligrés iba diciéndole a otro: “hoy el cura en el sermón nos ha dado quince minutos de propina, voy a decírselo”. Esto debería ser un hábito fomentado, permitir que se puedan hacer sugerencias y comentarios sobre las misas. En palabras de un afamado cocinero católico nos decía que la iglesia era el mejor regalo con el peor envoltorio, mejoremos entre todos ese envoltorio.

 

Una última pincelada para la reflexión:

 

Cuando mi madre reza el Rosario en Radio María, en el Primer Misterio piden “Para que se les conceda a Radio María los diales de Radio donde  aun  no acceden.(¡¡¡¡Como dijo mi madre cuando le acompañé al Vaticano: “ Si Jesús resucitase y viese esto, se volvía a morir!!!)

 

El primer Mantra Veda en la India, dice “ Oh Gayatri, Diosa de la abundancia, trabajo, amor, conocimiento, salud, buena conducta" Para todo el mundo, OM.

 

Para el que quiera reflexionar.

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