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Recetas para educar

Juan Carlos López
Entusiasmo por la educación y por la vida

El diálogo con el adolescente (II)

A veces son ¿contradictorios e incomprensibles?.

 

 Sí, a veces tienen un humor inestable e irritable, casi ningún adolescente se encuentra a gusto con él mismo. Las manifestaciones externas de cariño por parte de los mayores parecen molestar al adolescente, que se siente tratado como un crío. Y al mismo tiempo es muy susceptible respecto a cualquier falta de atención o muestra de indiferencia.

 

Si el adolescente ya no quiere salir con nosotros,  si comienza a mostrarse cerrado y molesto, es conveniente que nuestra presencia se haga más discreta y, evitar cualquier reproche por no ser ya cariñoso o simpático “ ¡cómo cuando eras más pequeño!”.



Habrá que estar atentos y tener detalles con él, pero sin darle nunca la impresión de que se le vigila o se está mendigando su cariño. Es normal que no venga a mostrarnos su intimidad.

 

Ya no quieren jugar, sino hablar y discutir. Tiene opiniones personales y quieren contrarrestarlas con otras opiniones que ellos perciben como sólidas.

 

Los chicos sólo acudirán a sus padres si saben que éstos no los avasallarán, sermonearán o criticarán.

 

Habrá que buscar las ocasiones de diálogo y de confidencia con ellos, habitualmente tiempos muy breves, pero sin jamás forzarlas.

 

Al adolescente le tranquiliza saber que nosotros también fuimos adolescentes: Cómo nos comportábamos, problemas que teníamos…, tener con ellos estas confidencias ayuda a que nos cuenten sus problemas  y nos vean más cercanos. Necesitan ejemplos vivos de calma, de autocontrol, de madurez y de capacidad de diálogo. Darles lo que no tienen: seguridad y estabilidad. La rama se suele parecer al árbol. Ponernos en su lugar y darles la razón en algunas cosas es primordial. El adolescente necesita sentirse valioso y capaz y que se lo reconozcamos los adultos.

 

Enseñarle a buscar soluciones y alternativas, ser dialogantes, llegar a pactos y acuerdos, encontrar siempre puntos de encuentro. Haberles acariciado con nuestra escucha. Adoptar una actitud visible de escucha: hacerle ver que entiendes lo que está sintiendo. Interésate por sus cosas y jamás mostrarnos como en posesión de la verdad.

 

Ayudarlos a que descubran lo que es valioso en su persona. Que tomen conciencia de que valen por lo que son, no por lo que traen puesto o por lo que tienen..

 

Esperar siempre lo mejor del adolescente, creer y confiar en él. Admitir sus críticas y puntos de vista sin perder la calma y jamás perder con ellos el sentido del humor.

 

Jamás se debe corregir en público a un adolescente, pues dado su gran sentido del ridículo, susceptibilidad e inmadurez no perdonaría jamás nuestra actitud. Mejor las reconversiones en privado.

 

Debemos tener cuidado con lo que los hijos leen y ven, no a base de represión sino de reflexión. Puede aprovecharse el ver con ellos un programa de televisión o una película y luego, discutir y evaluar, para ayudarles a formarse un criterio.

 

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