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Punto Deportivo

Juan Postigo

Motivos de fe blanquivioleta

¿Alguien puede asegurar que el Real Valladolid estará en puestos de ascenso a final de temporada? Yo no. Usted tampoco. Pero en el fútbol existe esa magia llamada fe ciega.

La Real Academia Española define la fe en su tercera acepción como el "conjunto de creencias de alguien, de un grupo o de una multitud de personas". Y así es. La fe, por ponerle una descripción propia, podría describirse como aquella esperanza ciega en que algo existe sin poder verlo o en que va a ocurrir, sin ningún motivo real. Seguro que alguna vez lo han pensado viendo un partido de fútbol. "Hay que tener fe", le habrán dicho al compañero de Zorrilla cuando se iba detrás en el marcador.

 

Y es que esa es la magia del fútbol. La magia de lo inesperado, de lo imprevisible, de aquello que puede ocurrir cuando todo hace indicar lo contrario. Esa es la ideología, la creencia, que tiene todo aficionado del Real Valladolid a día de hoy, cuando los objetivos iniciales de la temporada han terminado por torcerse inesperadamente.

 

¿Quién le iba a decir que el Pucela iba a andar deambulando por mitad de la tabla a estas alturas, más cerca del descenso que de los puestos de privilegio? ¿Se esperaba que hubiéramos cambiado de entrenador tan solo nueve jornadas después? ¿Y se le había ocurrido en algún momento que once tíos vestidos de blanquivioleta podrían desarrollar un juego más bien mediocre?

 

Y así somos los aficionados, que a pesar del tan pintoresco e inesperado escenario, seguimos creyendo en el ascenso, seguimos confiando en lo inesperado. Y semana tras semana, pese a que haya más de una con un tropiezo que deje el proyecto en entredicho, confiaremos hasta que no haya posibilidades matemáticas. Eso, amigos míos, son los motivos de fe blanquivioleta, por los que merece la pena seguir subiendo a Zorrilla.

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