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Pienso, luego existo

Julio López

Votando con los pies

Los palentinos reaccionan votando con sus pies. Votan marchándose de un territorio cuyos gobernantes son incapaces de proporcionales la oportunidad de aprovechar las enormes potencialidades que tiene nuestra tierra. 

La imagen de decenas de pueblos sepultados por la nieve; el rescate por la Unidad Militar de Emergencias de personas atrapadas en sus vehículos en la mismísima A-67; el derrumbe de cubiertas de instalaciones debido a la nieve acumulada durante días en sus tejados y techos; la oscuridad por los cortes de luz y el frío por la ausencia de calefacción en un buen número de casas; el reparto de medicinas y alimentos por el aire tras diez días de temporal; el miedo cerval de los mayores a enfermar y no poder recibir asistencia médica por estar rodeados de metro y medio de nieve; la impotencia de los alcaldes que no han dado abasto para facilitar el acceso a sus pueblos, ante la falta de previsión de la Diputación Provincial, de la Junta de Castilla y León, y del Gobierno de España… todo eso ha sucedido en Palencia en pleno siglo XXI, en la época de internet y del Facebook, aunque las estampas con las que los informativos nacionales han ilustrado el temporal parecen más propias de tiempos del telégrafo y de las palomas mensajeras.

En cualquier caso, ahora es el temporal de nieve, pero en verano será la sequía y el desabastecimiento de agua potable; en septiembre será la confirmación de nuevos centros educativos cerrados en la provincia, y en no sé qué mes serán las notas informativas colgadas en las puertas de los centros de salud anunciando de un día para otro un nuevo recorte en el número de días de atención de médicos y enfermeras; en diciembre será el nuevo cierre del parador de Cervera, y el segundo día de cada mes serán las insoportables cifras de paro, que siguen creciendo en Palencia... el caso es que todas las estaciones del año nos recuerdan la dolorosa realidad de nuestra provincia, el estado de olvido en el que se encuentra por parte de quienes gobiernan, condenada a ser objeto de atención sólo con medidas paliativas, como si de un enfermo terminal se tratara.

Y los palentinos, ante esta situación, reaccionan votando. Pero no en el sentido literal del término (echando con su papeleta en unas elecciones a quienes llevan décadas amparando esta situación), sino en sentido metafórico: reaccionan votando con sus pies. Votan marchándose de un territorio cuyos gobernantes son incapaces de proporcionales la oportunidad de aprovechar las enormes potencialidades que tiene nuestra tierra. Y eso es lo que sucede en nuestra provincia, cuya sangría demográfica es el principal termómetro de su maltrecha salud. En Palencia hoy viven 167.000 personas, mientras que en el año 2000 vivían 178.000, lo que implica una pérdida de casi 11.000 habitantes. Es un dato que no hay que leer con resignación, al contrario. Sólo siete provincias han perdido población en esos 15 años, y mientras España ganaba en ese período más de seis millones de habitantes, 177 municipios palentinos perdieron población. No hay otra provincia igual en España.

Por tanto, más allá de medidas de cara a la galería… más allá de las siempre bien recibidas pero nunca suficientes ayudas aprobadas “tarde mal y nunca” por las instituciones para paliar las consecuencias del temporal… más allá de la mediática foto del responsable de turno junto a la máquina quitanieves, después de que el alcalde del pueblo llevara dos semanas partiéndose el alma para que sus vecinos no sufrieran el “medio escénico” del aislamiento… nuestra provincia, sí, necesita la declaración de zona catastrófica, pero con carácter permanente, no sólo por los efectos del temporal. Tras décadas de abandono, Palencia precisa de cuidados intensivos diarios, para lo cual hace falta otra sensibilidad, y por tanto, otros gobernantes. Sólo así se logrará que los palentinos cambien el sentido de su voto (con los pies) y decidan quedarse, y sólo así se evitará que Palencia vuelva a salir en los informativos nacionales con ese deje “folclórico” de lo que sucede en la España profunda, para sorpresa de madrileños, andaluces o vascos, y para lamento de los palentinos de La Pernía o de San Cebrián de Mudá, por citar un par de ejemplos del centenar que podría exponer en estas líneas.

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