Julio lopez silueta original

Pienso, luego existo

Julio López

Nepal

Con el brutal terremoto de pasado sábado en Nepal, brutalidad que se puede cuantificar en miles… por los miles de fallecidos, por las decenas de miles de personas sin hogar, o por los miles de años de historia que han desaparecido en apenas unas milésimas de segundo, la naturaleza ha vuelto a recordarnos la insignificancia del ser humano.

 

Insignificancia porque frente a estos latigazos de la naturaleza, poco puede hacer el hombre, sobre todo si no ha tomado lecciones del pasado. Porque es para lo único que sirve el pasado, para aprender de él, de cara a mejorar el futuro. Katmandú sufrió otro brutal terremoto en 1934, y no fue casual, ya que esa maravillosa ciudad se sitúa en la falla donde chocan las placas de India y Euro-Asia, convirtiéndola en una de las ciudades más vulnerables del mundo. En la medida en que se sabe que cada 75 años más o menos hay movimientos telúricos de grandes proporciones en la zona, la cuestión era simplemente cuando habría un nuevo gran terremoto, porque estaba al caer. Y ya lo ha habido, sin que uno de los países más pobres del mundo haya podido prepararse para ello, y eso a pesar de que la economía nepalí ha resurgido gracias a los crecientes ingresos que sus arcas perciben por el turismo, y que hubieran permitido a sus gobernantes actuar en ese sentido. El día del seísmo había 300.000 turistas en Nepal, lo que da una idea de la importancia de este sector de la actividad económica, algo que no ha servido para prepararse para un desastre que se sabía iba a suceder.

 

Insignificancia del ser humano por la simplicidad de la respuesta internacional a la tragedia. Siempre que acontecen desgracias nos rasgamos las vestiduras, nos solidarizamos con las víctimas, confiamos en los equipos de rescate, reclamamos agilidad a los gobiernos para que canalicen las ayudas internacionales a la región afectada, al tiempo que sentimos más o menos empatía con carácter general en función de si los fallecidos eran de los nuestros o no (la repercusión mediática no será la misma si hay 10.000 fallecidos nepalíes sin más, a si hay 9.999 nepalíes muertos y un francés, un inglés, o un español…). Pero en unos días nadie se acordará de Katmandú, igual que hoy nadie recuerda lo sucedido hace unas semanas en la Universidad de Garissa… ¿verdad?

 

Insignificancia del gobernante, por lo bonito que queda mandar unos aviones con ayuda humanitaria tras la desgracia, para tapar la vergüenza del desplome que ha habido en los últimos años en la ayuda al desarrollo, sabiendo que una buena parte de los fondos recortados tenían como destinatarios proyectos en Nepal. En la actualidad, la España del gran Rajoy sólo dedica un paupérrimo 0,17% del PIB con lo que España se sitúa a la cola mundial de la ayuda al desarrollo, solo por delante de Eslovaquia, Polonia, República Checa, Grecia y Corea del Sur. Habría que recordar que la ayuda al desarrollo alcanzó su techo en 2009 con el denostado ZP, cuando llegó a donar un 0,46%, pero a partir de esa fecha esta partida sólo ha conocido la tijera hasta llegar a un recorte total del 70%. Mariano lo confunde todo… ¡¡¡el objetivo era el 0,7% del PIB, no recortar los fondos un 70%!!!!

 

Insignificancia por la cruel metáfora acaecida en torno a los alpinistas preparados para asaltar la cumbre del Everest, convencidos de que frente al colosal techo del mundo dos más dos son cuatro, y que un buen tiempo, una buena planificación, y una sobresaliente preparación física bastaban para lograr ese objetivo, y que sin embargo han pagado con sus vidas el hecho de que las reglas del juego son otras. Metáfora porque así es la vida… En el Himalaya, o en el Camino de Santiago… a 8.000 metros sobre el nivel del mar, o cruzando la calle al salir del trabajo… en Kathmandú o en Valladolid…

 

En definitiva, insignificancia porque seguiremos sin aprender del pasado, porque tanto las personas de a pie como los políticos continuaremos vestidos de hipocresía, y porque mañana volveremos a olvidar que hay algo más importante que la reunión de trabajo que tenemos a las cinco de la tarde. Y frente a eso, la grandeza de quien sufre la tragedia, en todos los aspectos, simbolizadas en las palabras de Arún, guía Nepalí: "Soy guía, tengo que preocuparme de los demás. Lloro por la tragedia cuando estoy sólo"

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: