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Pienso, luego existo

Julio López

Je suis...

Enero de 2015 será recordado, entre otras cosas, por el atentado de Charlie Hebdo, en el que a media mañana del 7 de enero tres terroristas penetraron a tiros en la redacción de este semanario satírico y progresista, y asesinaron a quemarropa a más de una decena de personas, la mayoría miembros de la redacción, incluido su director. Dicho atentado generó un tsunami de indignación y repulsa que recorrió toda Europa, arrastrando con él a muchísimos ciudadanos en un sentimiento de solidaridad que llevó, a muchos de ellos, a propagar como la pólvora por sus perfiles en las redes sociales el archiconocido “Je suis Charlie”. También arrastró a algunos partidos políticos a firmar un Pacto antiterrorista que implicaba la prisión permanente revisable (eufemismo de cadena perpetua) para atentados con resultado de muerte. El fin justifica los medios, decían…

 

Marzo de 2015 será recordado, entre otras cuestiones, por el accidente de avión de Germanwings sucedido a finales de mes, en el que murieron 150 personas, 50 de ellas españolas. Será recordado por el dolor de esas trágicas muertes, y por la incomprensión hacia la decisión del copiloto que estrelló la aeronave en los Alpes, Andreas Lutbitz… Horas y horas de televisión sobre si buscó datos en internet para suicidarse el día anterior, sobre si fue tratado hace años por sus tendencias suicidas, sobre si informó o no a Lufthansa de que sufría una depresión grave… Horas de televisión, cientos de páginas en los diarios reconstruyendo el morbo de los últimos minutos en la cabina del avión, entre los pasajeros…

 

Abril de 2015 será recordado por muchas cosas en el futuro, pero no lo será porque a principios de ese mes la milicia islámica somalí de Al Shabab asesinó a 147 personas, las mayoría de ellas estudiantes, en la Universidad de Garissa (Kenia). Una masacre en la que los terroristas empezaron disparando indiscriminadamente, pero después separaron a los alumnos musulmanes y se cebaron con los cristianos. No. Abril de 2015 no será recordado en el futuro por esta masacre, porque apenas sí ha tenido repercusión mediática. Ni en España, ni en Europa. Lo importante para los medios en esos días ha sido el sol que ha hecho en estas vacaciones, y que no se han suspendido procesiones en toda España por una climatología históricamente buena. Y los principales partidos políticos a penas se han sensibilizado con ello (desde luego que no van a firmar otro pacto antiterrorista) y lo único destacable al respecto ha sido la metedura de pata de Rajoy confundiendo en sus declaraciones Nigeria con Kenia. Pensará que da lo mismo, como son negros los asesinados y para él son todos iguales… Lo único reseñable ha sido la petición de la Federación de Asociaciones de Estudiantes Progresistas (Faest) de que se guardase el pasado martes 7 un minuto de silencio en todas las universidades españolas como señal de duelo.

 

Hay artículos que intentan explicar, racionalmente, por qué se da más cobertura informativa a unas víctimas que a otras. Parece ser que las razones pasan porque nos interesa más lo que ocurre en nuestro país o en países cercanos, o porque la calidad de la información en unos países es mayor que en otros, es decir, todo depende de si tienen corresponsales o no los medios de comunicación en el país en cuestión. A esto los entendidos lo llaman la jerarquía de la muerte. Pero, a mí particularmente, estas razones no me valen como justificación de este nuevo gesto de deshumanización social. No. No me vale.

 

Yo creo, que en realidad, la diferente repercusión mediática y social obedece al cóctel de moda que bebe con gusto nuestra sociedad: una buena dosis de hipocresía, al que se añade un chorrito de manipulación. Las muertes del Charlie Hebdo fueron en París (ah… Paris, la France), y los asesinados eran “de los nuestros”, una combinación perfecta para justificar endurecimientos legislativos de códigos penales… Sin embargo, las muertes en la Universidad de Garissa fueron en Kenia… ¿dónde está Kenia?, y los asesinados ¿quién se identifica con los estudiantes keniatas asesinados? Nadie. O casi nadie.

 

Es muy triste que la diferente conmoción por estos actos terroristas dependa de la consideración de que hay muertos de primera y muertos de segunda, sin darse cuenta de que en ambos casos el ataque no fue a las personas, sino a la libertad (a la libertad de expresión en el caso del Charlie Hebdo, y a la libertad religiosa en el caso de la Universidad de Garissa). Los que defienden la libertad como un derecho fundamental de las personas, deberían estar igual de afectadas por ambos actos terroristas, pero…

 

Pues eso, que ha hecho sol en Semana Santa.

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