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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

Las bodas de oro

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Cada vez es más frecuente que nuestros padres y abuelos lleguen a celebrar sus cincuenta años de matrimonio. Eso es un lujo y un testimonio ante la sociedad de que, a pesar del dolor, del sufrimiento y de las dificultades, brillan y prevalecen mucho más los momentos de unión, alegría y entrega generosa.

Las “bodas de oro” son una ocasión sin igual en la que los hijos se convierten en la prueba viva y presencial del amor de sus padres. El hijo es el fruto imborrable de la entrega mutua, generosa y total de entre un hombre y una mujer. El hijo es el testigo privilegiado de la prevalencia del amor y un regalo inmerecido que los padres reciben al darse.

 

Pero al mismo tiempo el hijo recibe el regalo de la vida como un don gratuito de sus padres. En la unión del espermatozoide con el óvulo en el seno de una mujer se percibe de manera especial el tesoro de la vida como algo inefable y lleno de valor. La vida es un “don que se recibe” en el acto de la entrega plena de dos cuerpos que se aman y, de este modo, el hijo recibe su existencia, su ser en el mundo. Al mismo tiempo, la vida es un misterio que no se acaba en el acto de la entrega. Todo regalo, no sólo ha de ser entregado, requiere una acogida de parte del agasajado: el agradecimiento.

 

Agradecer a los padres el don de la vida en sus cincuenta años de matrimonio y de entrega mutua implica tres actitudes. En primer lugar es un motivo de alegría compartida. El día de su boda ellos se comprometieron a vivir una vida desconocida y ahora, con el paso de los años y acompañados por sus hijos, vuelven a comprometer su pasado vivido juntos, su presente fecundo y su futuro anhelado. Pero ahora, ya no van solos… ¡Qué mayor alegría que el recoger el fruto de la siembra después de tantos momentos en los que no se sabía si el terreno iba a ser fértil! Sí, se abonó con esfuerzo, se aró, se sembró, se miró al cielo… ahora al final de la vida se puede hablar de la misión cumplida al servicio de los demás y de la sociedad.

 

En segundo lugar, agradecer la vida supone la petición de perdón por todos los malos momentos, por el sufrimiento causado a los padres, por las omisiones y los desplantes. Pedir perdón es un acto que engrandece tanto al que lo pide como al que lo acoge con el alma abierta. Agradecer y perdonar son dos actitudes que siempre van de la mano.

 

Finalmente, agradecer el don de la vida conlleva el deseo, el anhelo de seguir juntos en el camino de la vida hasta el final de la vida. Agradecer el don de la existencia es motivo de alegría, de perdón y de deseo de compartir nuestro ser en el mundo entregando la nuestra vida, dando el don de la vida a otros para que el grano de trigo germine y la espiga llegue cargada de nuevas semillas.

 

@jjrs_sa

Comentarios

carmina.carreras@yahoo.es 10/07/2013 23:01 #1
¡Que interesante me parece todo lo que dices! Estoy de acuerdo con "la siembra" , es verdad que cuando te comprometes el dia de la boda no sabes realmente todo lo que eso conlleva y el paso del tiempo te hace madurar y dia a dia haces camino. Llegar a las bodas de oro juntos rodeados de hijos nietos y con la serenidad que en esos años te ha dado la vida es maravilloso. Hace poco asisti a las bodas de oro de mis hermanos y puedo asegurar que mi emoción al ver todo lo que eso suponia fué mucho mayor de lo que esperaba. Gracias por poder expresarme.

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