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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

La alegría de educar

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Releer el mito de la caverna de Platón siempre aporta algo nuevo a todo educador. Para el sabio griego la realidad sólo se puede conocer bien estudiando las sombras proyectadas de las figuras, o bien a través de un “privilegiado” que haya salido de la cueva y, al regresar, explique al resto de cavernícolas la verdad sobre mundo conocido. Ambos son conocimientos mediatizados y descontextualizados, si bien uno es más fiable que el otro. Necesitamos de la mediación para ser, para crecer, para conocer.

Está comenzando el nuevo curso y las aulas, alivio para algunos, pesadumbre para otros y un reto para la gran mayoría, se vuelven a inundar de un colorido lleno de esperanza y futuro. Muchos buscamos nuevas metas y deseamos alcanzar aquellos objetivos que se quedaron en el tintero seco del curso anterior. Durante el verano los padres hemos estado más tiempo en contacto con nuestros hijos, hemos compartido vacaciones, mesa y juegos… y, al llegar septiembre, parece que empiezan las “vacaciones” de los padres y el relevo se traspasa a los profesores y maestros.

 

Sin embargo, la mayoría es consciente de que el maestro, especialista del “currículo escolar”, necesita del apoyo constante de los padres, responsables del “currículo del hogar” para que el proceso educativo “funcione”. Ambos, padres y profesores,  formamos el equipo perfecto que cuyo cometido consiste en realizar la tarea más noble de un ser humano: ayudar a modelar a la persona humana. Ponemos en juego todo lo que está en nuestras manos con la mejor intención: nuestra experiencia, conocimiento, sabiduría y amor; pero será el hijo y el alumno quien se configure a sí mismo como persona y construya, con aciertos y errores, su propia biografía humana.

 

En la alegría de educar, padres y maestros, compartimos una responsabilidad más transcendente e importante que la de un economista, un ingeniero o un periodista… o un político. El futuro depende de nosotros. Educar es un gran valor, como diría Savater; educar es un atrevimiento, un riesgo, en palabras de Luigi Giussani, un largo proceso de pequeños éxitos aderezados con fracasos, sufrimientos y sinsabores y un sinfín de alegrías compartidas.

 

Los padres esperamos que nuestros hijos vayan día a día creciendo física, social y espiritualmente. Los maestros y educadores anhelamos que el conocimiento, el tiempo y la dedicación empleada redunden en beneficio de nuestros alumnos. Los chicos esperan que todos les demos una palabra de aliento y un voto de confianza para poder seguir construyéndose a sí mismos con verdad y esfuerzo para el servicio de la sociedad. Esa doble función de la educación, la personal y la social, son complementarías y no excluyentes.

 

Educar es, pues, una tarea hermosa que requiere tiempo; la impaciencia es su peor enemigo y la constancia el mejor aliado. Los frutos se ven pasados muchos inviernos y otoños… en primavera todo parece florecer… pero hacen falta muchas primaveras para que el árbol esté frondoso y su fruto sea agradable al paladar.

 

Ahora que comienzan las idas y venidas al colegio, no podemos olvidar que la tarea de la educación, de la enseñanza y del aprendizaje es un trabajo a tres bandas: padres, profesores y alumnos… si alguna falla, mal vamos… Pero si, además, existe alguna interferencia o injerencia no propia del mundo de la educación, los perjudicados seremos todos.

 

Sobre este tema recomiendo el post de Óscar González, con el mismo título que este, “la alegría de educar”: http://www.elblogdeoscargonzalez.com/2013/01/la-alegria-de-educar.html

Comentarios

Pablo 15/09/2013 23:02 #1
Educar es la tarea más noble. El arte de moldear la mente, el corazón y el alma de nuestros hijos, para conseguir la imagen de lo que realmente son. La responsabilidad de hacerles responsables. La libertad de hacerles libres. El valor de hacerles virtuosos. Sembrar con el buen ejemplo. El futuro de nuestra familia y nuestra sociedad está en nuestras manos. Gracias por el post.

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