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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

Familia: amor, responsabilidad y libertad

Hace unos días, Gotzone Mora denunciaba en un medio de comunicación cómo algunos padres están delegando la educación de sus hijos en otros agentes sociales: escuela, TV, Internet... La verdad es que hoy se pide formación para todo, excepto para una cosa, la más importante, ser padre. Y es que la maternidad y la paternidad son condiciones naturales y biológicas del ser humano que muy pocos pueden eludir y que, además, conllevan una responsabilidad social insustituible.

Indudablemente, los padres somos los primeros responsables de la educación de los hijos y nadie puede arrebatarnos esa ineludible función social. Sin embargo, y aunque la mayoría no lo tiene presente de forma habitual, la educación de los hijos no se realiza por medio de las palabras o de las peroratas interminables. Tampoco es función del Sistema Educativo del Estado asumir la labor que le corresponde a la familia. Menos aún, se sustituye con compensaciones económicas o ingentes sumas de dinero depositadas a plazo fijo para asegurar su porvenir. Por contra, la educación de la personalidad del hijo es una labor callada, oculta y deja huella en lo más profundo de su ser. Esa educación nace del amor que el niño percibe y asimila de forma natural en los actos que realizamos cada día delante de ellos, de la delicadeza y finural el en trato entre los esposos. Se trata, pues, de dar un ejemplo de vida que marque en él una serie de valores indelebles que le sirvan de referente durante toda su existencia. Un amor, así entendido y vivido en familia, es una suave brisa que limpia el hogar y lo llena de un perfume especial.

Precisamente, ese era el argumento de Gotzone Mora, cuando pedía a los adultos que fueran ejemplo de honestidad, de trabajo y de esfuerzo para salir de la crisis de valores en la que estamos inmersos. Sin duda alguna, seremos las familias comprometidas con nuestros hijos las que ayudemos a construir un sociedad rica en valores humanos, preparada para el esfuerzo y abierta a las necesidades de los demás. Sin embargo, este objetivo sólo se logra desde la premisa del amor responsable y libre.

Desde ese amor, el hijo crece en responsabilidad y libertad. Dicho de otra manera, la libertad es consecuencia de la responsabilidad y la responsablidad nace de la libertad, pero ambas sólo podrán existir allí donde brille el verdadero amor y el respeto a la persona humana. La asunción de la responsabilidad de los actos es la capacidad de dar respuesta razonada de la elección libre. Un hijo no puede ser responsable si siempre se elige por él. Tampoco será verdaderamente libre, si son terceros los que asumen la responsabilidad que es de su competencia. Será en la familia, en la experiencia del amor filial y fraternal, donde los hijos €”a través de la convivencia, del juego con su hermanos, del ceder, del sacrificarse ahora tú y luego yo€” vivan en la auténtica escuela del amor, de la libertad y de la responsabilidad.

Desde luego, cada edad tiene su grado de exigencia. De vez en cuando, a un niño de tres años se le puede dar a escoger entre plátano o naranja, las dos son frutas y, al tiempo que fomentamos una alimentación sana, se crece en la libertad de elección y en la responsabilidad de terminar toda la fruta elegida. De la misma manera, al niño de siete u ocho años se le puede dar la alternativa entre apuntarse al equipo de fútbol del colegio o al de balonceto del barrio... pero luego deberá ser consecuente asistiendo a los entrenamientos y siendo puntual a los partidos de los sábados. Finalmente, al adolescente se le debe ofrecer la oportunidad de elegir las optativas de tercero y cuarto de ESO. Es mejor que, tal vez, se equivoque en esas etapas y aprenda de sus errores, que más adelante en mitad de sus estudios universitarios.

Ahora bien, los padres lo hemos de acompañar, motivar y estar al quite en todo momento, para que, a través del amor, el hijo alcance la madurez de la libertad responsable. Responsabilidad viene de responder, de dar respuesta, de explicar los motivos por los que elige una opción y no otra.

En fin, !qué díficil lo tenemos los padres hoy! Los hijos viven en una sociedad que les ofrece multitud de opciones y estas infinitas posibilidades pueden conducirles a la confusión, al relativismo o a la intolerancia. El reto de la educación nos corresponde a los padres y, para ese viaje, debemos cargar nuestras mochilas de valentía, paciencia y constancia.

Sobre estos temas se puede encontrar información en:

http://www.foroandaluzfamilia.org/educacion.html
http://www.hacerfamilia.es/
http://www.revistamision.com/

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