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Perspectiva de familia

José Javier Rodríguez
Blog de José Javier Rodríguez Santos

Devaluación social

Creo no equivocarme, pero la propuesta que acaba de realizar el Ministro Ruiz-Gallardón tiene visos de ser una devaluación encubierta. En términos económicos todos sabemos qué es una devaluación, con algunos efectos positivos hacia el interior y sus inconvenientes hacia el exterior. A la crisis social y de valores que estamos padeciendo no podemos sumar una devaluación del matrimonio, esta medida agravaría sobremanera la deriva comunitaria.

Son muchos los matrimonios y la familias que están contribuyendo a paliar los efectos sociales de una crisis económica que todos veíamos venir€Ś Son muchos los padres que se desviven por dar lo mejor a sus hijos, tengan estos tres meses (noches de insomnio y agotamiento físico) o cincuenta años (uno o varios despidos y una ruptura matrimonial con separación dolorosa de los hijos). Son muchos los abuelos jubilados que siguen ejerciendo la labor de padres a efectos de afecto y manutención. En España notamos menos la crisis debido a que la familia sustenta y sostiene nuestro estado de bienestar.

Quiero aclarar la expresión matrimonio. Me refiero, en concreto y con toda la extensión del concepto, al matrimonio civil que es y debe ser algo más que un contrato administrativo. El matrimonio civil es un compromiso público entre un hombre y una mujer con repercusiones económicas, sociales y vitales tanto para los contrayentes, como para sus hijos y para el entorno social en el que todos ellos se desarrollan como personas. Si obviamos todas estas implicaciones, se limitaría el contrato al formulismo administrativo, es decir, una devaluación de lo civil y de lo social. Sería hipotecar sin ninguna garantía nuestro futuro como estado de bienestar.

Cuando alguien, por un problema técnico o burocrático, pone sobre la mesa la devaluación el matrimonio para que éste se disuelva más fácilmente, sin demoras y menor coste, lo que está realizando de forma velada es una desvalorización de lo social. Así, sus efectos €œad intra personae€ conllevarían un aumento de la pobreza y costes afectivos; a ellos se sumarían los efectos €œad extra personae€: mayor desprotección de los ciudadanos. En cambio, construir un estado de bienestar fuerte es apostar por crear vínculos matrimoniales civiles estables y duraderos. El matrimonio es el cimiento que sostiene el edificio familiar y ésta, la familia, es la base de la estructura social: la mejor seguridad social, el mejor entorno para la crianza de los hijos, la mayor felicidad para los abuelos€Ś el mejor amparo afectivo en el desempleo.

Hablando sobre esta propuesta del Ministro con un amigo, me comentaba, en tono jocoso, que el siguiente paso será el matrimonio electrónico (apretando las teclas €œcontrol+intro€) y el divorcio electrónico (pulsando €œcontrol+alt+supr€). Si el Ministro de Justicia se hubiera dejado aconsejar por expertos en familia, además de aquellos en procesos judiciales, hubiera descubierto una realidad que subyace en toda crisis matrimonial. En la mayoría de los casos, los orientadores familiares y equipos de apoyo psicológico perciben que, en un desencuentro conyugal, a pesar de que los esposos se tiren los trastos a la cabeza, lo que buscan realmente es volverse a encontrar. De ahí que, facilitar los trámites de divorcio a los cónyuges un error técnico de bulto. De ello ya hablé en algún post anterior. Sí, los estudios de investigación concluyen que, al menos en el 40% de los matrimonios que inician este trámite, ambos cónyuges lo que desean en realidad es una €œsegunda oportunidad€. Señor ministro, !le damos, también a usted, una €œsegunda oportunidad€!

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