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Pases de pecho

Javier Hernández

FJL

Federico esradio detail

La corrupción y los políticos ya aburren, pero hay un nombre por encima de todos que siempre termina por irritarme.

Hablar de políticos, y en su defecto de corrupción, seguro que ya os aburre. O por lo contrarío, os irrita. Y ya saben, la irritación, como manifestación biológica derrota en mal carácter, en acidez de estómago, en cambio de entonación vocal —de hablar con cariño pasas a modular en germánico—, o coges y si te pilla en el fútbol, lo pagas con el del catafalco o con la alineación del entrenador de tu equipo.

 

Pero sin duda alguna, entre todos, hay un caso me ha tocado la fibra: la “financiación” de Libertad Digital.

 

Si la corrupción hoy va unida a la política, la irritación en la radio va unida a una persona: Federico Jimenez  Losantos.

 

Este pequeño personaje mediático —a quien le huele la cabeza a pies—, con pinta de payaso —lo digo porque se parece a Rody de la familia Aragón— ha tenido amordazada a la derecha y a sus feligreses durante más de una década. Desde aquella triste mañana de marzo, él y lo mejor de su partido se unieron para una causa común: culpar a ETA de la masacre.

 

Y a mí casi me convence. Sobre todo por una prueba, que no presentaba ningún género de dudas: “La cinta de la Orquesta Mondragón en la guantera de la Kangoo”. No les estoy contando una escena de Torrente 5, sino la triste realidad, ente otras, de la difamación e intoxicación durante mucho tiempo de un suceso inolvidable, que solo, y únicamente solo, tuvo un culpable: Aznar y su guerra ‘preventiva’ (?).

 

Pues bien. El pequeño turolense —como me imaginaba— tenía un relojero de nombre Acebes —entre otros— que le daba cuerda todas las mañanas. Es triste, muy triste, jugar con el dolor de los familiares y el honor de sus muertos a cambio de intentar convencer a la ciudadanía de que ellos no fueron.

 

El mundo árabe —o por mejor decir, el islamismo radical— es sin duda alguna el peor enemigo al que nos podemos enfrentar. La sinrazón —religión mediante— que conduce a estos radicales a cometer atrocidades los hace ser el enemigo público número uno, un peligro cierto para Occidente, para una cierta cultura ilustrada.

 

El tiempo pone a la gente en su sitio. Y aunque los demás lo masticábamos y nos lo tragábamos, la bendita justicia —y la propia revancha de los suyos— han hecho que este inmerecido personaje de las Ondas se dé una vuelta por el que debería ser su espacio natural: el Juzgado.

Comentarios

Carlos 25/08/2015 21:52 #1
ETA ayudo lo del 11 de septiembre que me digan ue culpables hay. por que no los hay

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