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Palabras de Poeta

Guillermo De MIguel Amieva

PITADA NACIONALISTA PARA UN NARCISO NEGRO.

La gran pitada nacionalista del Nou Camp formó un río donde un narciso negro, Artur Mas, encontró el reflejo deseado. Ridícula cenicienta de negro pelaje, se pensó el más bello bailando con la más guapa, pero al lado tenía un Rey y un Estado viejo, el nuestro. Sonrisa de profiden del siglo diecinueve. Está tan fuera del tiempo como una armadura medieval. ¡Viva España!

~~Es ya criterio compartido por la gente sensata que la pitada del Nou Camp y la sonrisa del presidente de la Generalitat no revelan más que falta de respeto, ignorancia, escasa tolerancia y, además, poca altura política. Estos ínclitos independentistas de nuevo cuño desconocen que nada se legitima desde semejante falta de respeto, y, el otro día, demostraron que se llevan la palma. Desde la falta de respeto uno depende de sus propios lastres. Seamos excluyentes nosotros también, como lo es su anacrónico nacionalismo: no son gente educada.

 

Los dos clubs de fútbol en liza no se excusaron al día siguiente, y tampoco pusieron medios para evitar el incidente, lo que les convierte en cómplices. Querían que pasara. Son dos instituciones que legitiman en la libertad de expresión el menosprecio a los símbolos de identidad del Estado. Solamente por eso no deberían jugar ni el campeonato de liga ni la copa del rey. Que jueguen en sus respectivas comunidades, seguro que les encanta ver reducidos a la nada sus derechos patrimoniales. Ganarían en coherencia lo que perderían en dinero. La independencia se demuestra andando. El primer paso es la coherencia con uno mismo.

 

Artur Mas sonreía. Era el único del estadio. Los demás estaban o coléricos, o enfadados o contrariados, que, dentro de lo malo, era lo menos malo. Él aprobaba la mala educación y la falta de respeto mostrada. Y sonreía. No se conformaba con interiorizar el disfrute y mantener la compostura. La máxima autoridad de la autonomía catalana sonreía al lado del rey. No esbozaba la sonrisa de la Gioconda, expresión enigmática y reservada para gente más dotada. El que fuera a poner flores a la tumba de Gandhi –el ser humano más maravilloso del siglo veinte–, el que fuera a la India a legitimar su movimiento nacionalista comparándolo con el proceso de independencia de esa santa nación (hay que ver la ignorancia que produce nuestra universidad), el que reclama para sí la no violencia del hindú, santo entre santos, resulta que el sábado legitimó la violencia verbal a través del gesto y del insulto. Pronto ha abandonado el ejemplo.

 

Ya digo que lejos de vivir la pitada con la pasión cerril y furibunda de esos exaltados que llenaban el estadio y que, siendo masa, se refugian en la estupidez y en la falta de respeto propia de quienes no piensan, él se sonreía porque pensaba que la pitada le legitimaba. Hay que ser poco inteligente para buscar la legitimación en la ignorancia y la falta de respeto. Los líderes inteligentes como Gandhi o Mandela, hacen todo lo contrario. Convencen a la masa de lo que no se debe hacer, porque eso predica tu inteligencia con el ejemplo. De poco le valió la peregrinación al presidente. Se dejó convencer por la masa, que como todo el mundo sabe, y dicho en sentido figurado, mas no insultante, no deja de comportarse mejor que los asnos. Cientos de miles de insultos y pitidos le hicieron sonreír, narciso negro, mirándose en un río de asnos. Satisfecho de su reflejo tenía en el rostro el reflejo de sus avalistas, una manada de gente irreflexiva silbando odio e intolerancia por doquier, y dos instituciones futbolísticas que han hecho del fútbol una excusa para desestructurar la nación más antigua de Europa.

 

Artur se sonreía. El único del Estadio. El pobre, un monumento inverso de la inteligencia, de la altura política, y de la dignidad. Tiene la estatura política de un pigmeo, pero se cree un gigante. Se sonríe, le sale el profiden por los dientes y le brilla. Narciso negro que se acicala. Se me antoja la fea del baile imaginándose en la gloria de los brazos del príncipe. Pare usted. No tiene altura quien no respeta, quien no es caballero. Digo más, quien no muestra dignidad y carece de respeto a los demás, evidencia lo más profundo: no tener la razón de su lado. Pitar pita cualquiera. La razón solo necesita el silencio que deja el respeto ajeno. Marchando una de nación. La mía. La más antigua de Europa y, por tanto, del mundo. Agüita guapo.

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