Silueta original

Otoños y otras luces

Jesús Quintero

Un lazo contra la corrupción

Hoy te saludo con un lazo negro. Por una tragedia en la carretera que se llevó por delante la vida de unos chavales de Monterrubio de la Serena que venían de jugar un partido de fútbol. Por el sufrimiento del pueblo de Ucrania condenado a matarse entre ellos. Y por todos esos mártires del presente que en muchos lugares del mundo son perseguidos por el fanatismo y la intolerancia que golpea la conciencia moral de la Humanidad.

Seguramente, que en alguna ocasión nos hemos colocado unas de esas pequeñas cintas de tela dobladas en forma de lazo que se usan en apoyo a una casusa social y de solidaridad hacia una circunstancia determinada. En algunos casos y con la expansión de esta corriente hemos llegado a ver grandes lazos en edificios y espacios públicos. Muchas causas han merecido un lazo: la lucha contra el cáncer, el sida, la violencia de género, el terrorismo, el racismo, tragedias humanitarias, etc.

 

Para las causas solidarias también nos sirven jornadas como el Día de la Banderita con la que Cruz Roja intenta captar la voluntad de los ciudadanos en apoyo a proyectos que ayuden a sobrellevar las graves consecuencias de la sacudida feroz de la crisis económica. Y ahora en plena campaña de la Renta podemos usar un lazo con forma de cruz para marcar la casilla en favor de la labor de la Iglesia, de sus parroquias y de una institución como Cáritas tan cerca desde siempre de los más necesitados.

 

De nuevo, esta semana han vuelto a salir a la luz pública nuevos casos de corrupción, algunos más mediáticos que otros, y que van afectando y expandiendo su honda a instituciones, sindicatos, partidos políticos, empresas, y golfos de guante blanco, salvados en muchos casos, por la excesiva prolongación de las investigaciones, procesos largos que agotan todos los plazos y donde parece que para algunos la justicia es imposible. Y claro, cuando preguntan a los ciudadanos en esas encuestas sociológicas que avisan de las preocupaciones, toma cada vez más ventaja en la delantera la corrupción.

 

La corrupción, esa carcoma que va devorando el interior de la solidez de la madera sana, que la va debilitando y que cuando se manifiesta al exterior, sin haber sido descubierta, ya no tiene remedio su tratamiento, se la ha cargado. Así la corrupción va dejando en el bolsillo de unos pocos, lo que debería haber servido para el interés general, disponiendo de más recursos para mejorar la educación, la sanidad, las infraestructuras, las pensiones, y las oportunidades que pasan por la creación de empleo.

 

Y después de tanta buena campaña de solidaridad y de constatar que la corrupción es un problemón cuyas consecuencias nos afectan a todos, echo en falta un lazo anti-corrupción, no sé de qué color, que no simbolice el “y tú más”, que saque a cada uno de su trinchera ideológica para renunciar a atacar o justificar, para dejar también de practicar esos pequeños “chanchullos” cotidianos tan arraigados y que se justifican desde el “para que se lo lleven otros…”, para desde el respecto y las normas de  convivencia avisar y expresar que la sociedad no está dispuesta a soportar más este rosario de casos al que parece que nos empezamos a acostumbrar a pesar de que nos preocupe.

 

¿Existirá la posibilidad de que alguien con capacidad y legitimidad sea capaz de convocarnos a un lugar determinado con el único distintivo visible del lazo contra la corrupción, y sin más palabras, volvernos para casa, sin la duda de si ha servido o no para algo, una vez decidida nuestra participación dejando a un lado lo que nos separa de los otros? 

 

Me niego a admitir que el mundo es sólo superficie.

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