Silueta original

Otoños y otras luces

Jesús Quintero

Los nuevos malabaristas

Confieso que no me gustan las alturas. Aunque cuando se tiene la oportunidad de visitar uno de esos edificios a los que les distingue el desafío de su número de plantas, hay que asomarse para contemplar la grandeza que les concede la distancia desde donde se les imagina.

Una vez en la cincuenta planta de la torre, que no rascacielos por que el cielo y el infierno considero que están más a ras de suelo, móvil en mano y con el zoom hacia el vacío capturo a seres humanos que se mueven repartidos por la calle, indistintos cada uno dentro de la masa móvil y de la distancia. Ya de cerca son como la historia que es un árbol de historias.

 

Es desde la distancia, desde la altura, como el águila real que con su mirada vigilante sobre su reino simboliza la serie Isabel,  o de cerca cuando con su vuelo majestuoso cae certera y precisa sobre los objetos, cuando situamos el juego de la distancia desde donde queremos observar la realidad.

 

Es de cerca, cuando descubrimos que cada ser humano es único y concreto, con sus rasgos, sus escenas propias, sus sueños, sus metas o sus infortunios sobre los que se funda su naturaleza singular. Es de cerca cuando hemos descubierto que la solidaridad en tiempos de crisis es la suma de muchos esfuerzos individualizados y no de los que la han situado más lejos para afirmar que es un mundo menos social.

 

Es de cerca, cuando vemos las caras individualizadas azotadas por tanto dolor social durante el tiempo más difícil de la crisis y de tantos que han tirado la toalla porque la manta ya no les llega a los pies, o que los que ya no llegan ni a 1000 euristas son la mayor fuerza laboral del país, pero no por ello hay que desterrar todo optimismo para instalar un estado de opinión interesado para romper un sistema que es el que está intentando salir del precipicio de los aprietos de un tiempo de crisis, palabra que algunos parecen olvidar a la hora de repartir esfuerzos.

 

No debemos caer en ese juego de los nuevos malabaristas de la política para acercar o alejar la distancia desde la cual se observa la realidad, porque tanto de lejos como de cerca somos un gran país, ahora en dificultades pero con enormes realidades y posibilidades, también con algunos garbanzos negros con comportamientos bochornosos y de los que la justicia tiene que dar buena cuenta, para no ser vistos desde la altura como elementos indistintos de un todo, sin identidad, como hormigas en riesgo de ser pisoteadas.

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