Silueta original

Otoños y otras luces

Jesús Quintero

La muerte tenía un precio

Eso debió de pensar su director Sergio Leone al dar título en 1965 a esta película protagonizada por Clint Eastwood y que conforma junto a Por un puñado de dólares (1964) y El bueno, el feo y el malo (1965) lo que se conoce en la historia del cine como la mítica trilogía del dólar y que dibuja el prototipo del hombre sin nombre: el mismo vestuario y el mismo semblante. La muerte, en demasiadas ocasiones,  siempre tiene un precio,  sin la banda sonora que Ennio Morricone propuso para los duelos finales de este pistolero profesional.

Duelos finales son las instantáneas que nos han dejado el baño de sangre en Kiev donde las  ametralladoras se han abierto paso entre los manifestantes de Maidan dejando más de 100 muertos y centenares de heridos, un baño de sangre que amenaza con romper Ucrania.

 

Sobre la plaza de la Independencia de Kiev, los manifestantes, en muchos casos cubiertos con cascos, armados de bates y algunos con escopetas, tuvieron que mostrar sus respetos ante los cadáveres de anónimos compañeros que estaban alineados sobre el asfalto. Para algunos estas  muertes tienen el precio de la libertad, de la lucha contra el poder ejercido de espaldas al pueblo, para otros, quizá, sea un precio demasiado alto para el que da la vida, su vida, por los demás, aunque algunos de ellos estén viendo la película, bien comidos y vestidos, desde el sofá del despacho decorado con objetos de más “valor” del que para ellos tiene la vida del prójimo.

 

La foto de Génesis Carmona cuando era trasladada en moto y sobre los brazos de un hombre, a su vez escoltada por otros moteros hacia el hospital después de recibir un impacto de bala mientras se manifestaba contra el Gobierno del presidente Nicolás Maduro, no es precisamente la de una reina de la belleza y modelo. Otros moteros chavistas asesinaron a la miss venezolana en otra manifestación pacífica, que los simpatizantes del gobierno, bien organizados, protegidos y poco perseguidos, protagonizan contra las concentraciones de la oposición que piden cambios. 

 

La vida en muchos países tiene un escaso precio, la que acuerdan entre quien decide sobre su muerte y quien la ejecuta, sociedades que conviven con una violencia tan arraigada que forma parte del paisaje urbano de las ciudades y que el poder político y las mafias utilizan para enseñar al pueblo, como personajes que desfilan sobre una pasarela, a quien renueva el carnet de la vida.

 

Hasta España, o desde alguna parte de España, llegaban las imágenes de unos encapuchados que mostraban la parte del arsenal del que han decidido “deshacerse”, que más bien parece un “descojone” para que los integrantes de la denominada Comisión Internacional de Verificación (CIV) pudieran escenificar en Bilbao el buen “rollito” de la banda terrorista ETA. Llevan tiempo sin matar, unos creen que porque las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado les han mojado la pólvora, otros porque han cambiado de estrategia y que ésta será más efectiva en la consecución de sus objetivos desde dentro de las instituciones, a las que antes no reconocían y de las que ahora tienen las llaves de la puerta, la combinación de la caja fuerte  y no dentro de mucho irán al Registro de la Propiedad a cambiar hasta el título de la escritura.

 

Todos esperamos el final definitivo del terror sembrado durante décadas por los asesinos de ETA, que dejó sin vida a hombres, mujeres y niños, siempre inocentes, amordazando a una sociedad que aspiraba a vivir en libertad. Aquí la muerte no puede tener el precio de la recompensa para los que siguen ejerciendo el terror bajo la amenaza de seguir mirándonos de reojo o a la nuca. Por encima está el derecho de todas las víctimas del terrorismo de ver que hay justicia para su injusticia y de que puede haber perdón para quien se arrepiente y sin condiciones espera de la grandeza de una sociedad que sabe ejercer el perdón. El perdón depende del ofendido, y produce la reconciliación cuando sinceramente se concede y sinceramente se pide.

 

Demasiadas imágenes todos los días que acompañan el título del film La muerte tenía un precio, prefiero pensar como Gabriel García Márquez que “La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir”.

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