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Otoños y otras luces

Jesús Quintero

Deporte: espectáculo y conductas sociales de vinculación

Ya hace unos días que dejó de ser noticia el fallecimiento a los 75 años del entrenador de fútbol Luis Aragonés. Su figura ocupó amplios espacios informativos en todo tipo de medios de comunicación audiovisuales y escritos donde se puso en valor su amplia trayectoria como jugador y entrenador, destacando el logro conseguido como seleccionador del combinado nacional con la victoria de la Eurocopa del 2008, la segunda para España, esta vez ante la todopoderosa Alemania. Su éxito deportivo y el de sus jugadores llevó a los españoles a un “contagio emocional” por todo lo que sucedía a su alrededor.

En algunas crónicas también se recuperaron las imágenes de 1964, para la mayoría en blanco y negro, y del famoso gol de Marcelino, bajo la lluvia, con el Bernabéu a rebosar y a siete minutos del final, en las que el delantero del Zaragoza dio la Copa de Europa de selecciones a España con un acrobático remate de cabeza (2-1) que sorprendió al meta ruso Yashin, sucediendo en el cetro continental europeo al equipo de la Unión Soviética.

 

En el álbum de fotos de 2014 del Diario del Siglo XXI, en la sección de obituarios, estará para siempre la figura de un grande, Luis Aragonés, al que sus amigos llamaban Zapatones o el “Sabio de Hortaleza”. En el  éxito radica la importancia de las conductas sociales de vinculación afectivas a las cosas y, muy especialmente a las personas, que llevan a considerar como propios los logros o éxitos de otros.

 

 

A la noticia del entrenador desparecido, acompañó, y no sólo en la sección de deportes,  la de otros héroes, los jugadores de otro histórico del fútbol, el Racing de Santander, que renunciaban a jugar un partido de la Copa del Rey, para  la mayoría el más importante en su trayectoria deportiva, porque lo que realmente estaba en juego, es su dignidad profesional y sobre todo la personal. Son los jornaleros del fútbol, los que al igual que en otros colectivos sociales, están sufriendo los efectos de la crisis y la aventura de unos dirigentes que, algunos casos, buscan en el deporte rey una proyección social y mediática, que junto a su irresponsabilidad conduce a la desventura a los más modestos, a los que la crisis también viste de corto.

 

Los focos de la noticia, en ocasiones, también se encienden a la vez para los más sencillos, los que tienen contratos de subsistencia, los que compaginan su gran pasión por el fútbol con su “curro semanal” y que en contadas ocasiones les lleva a compartir, codo con codo y junto a los más grandes, el mismo espacio en los medios de comunicación y en los terrenos de juego, juntando las dos dimensiones del deporte: “élite” y “jornaleros”. En el fracaso también encontramos otra conducta social de vinculación es la que nos lleva a percibir a los demás en situación de compartir sus emociones menos gratificantes sintiéndonos vinculados a ellos.

 

La semana pasada me fijaba en la importancia que tiene para la sociedad que sus jóvenes tengan una actitud comprometida con su tiempo. Así viene ocurriendo desde hace mucho tiempo en el deporte de base de cualquier disciplina y muy especialmente en el fútbol. Son muchos los jóvenes que dedican parte de su tiempo libre, durante la semana y los días de competición, a acompañar a otros jóvenes y sobre todo a los niños en la práctica deportiva.  No hace falta volver a recordar todo lo que de positivo tiene para el ser humano y especial para los más pequeños adquirir los hábitos de la práctica deportiva. Sin todos estos monitores y entrenadores, jóvenes en su mayoría y de manera totalmente altruista, sería imposible sustentar económicamente la práctica deportiva en la etapa escolar, y con ellos la supervivencia de las entidades y clubes deportivos de los pueblos, colegios y barrios de las ciudades. Son jóvenes que también ocupan su tiempo en formarse porque saben, quizá por su experiencia, del material tan “frágil” que tienen entre sus manos y de su “poder” de influencia en edades tan permeables.

 

Si antes me refería al año 1964 para recordar la primera Eurocopa, efeméride que aconteció cincuenta años antes de la muerte del entrenador que conquistó la segunda para España, estos acontecimientos me sirven para rendir un homenaje a todos esos jóvenes que están comprometidos y vinculados con esos niños, propiciando que siempre estrechen la mano de sus adversarios, fuera y dentro del campo, mientras  sueñan con ser campeones de una nueva Eurocopa, a la vez que coleccionan cromos de sus ídolos, jugadores y entrenadores.  

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